Reseña

Una manera entretenida

A través de la historia han existido personajes que han dejado huellas imborrables en la memoria colectiva. Se han escrito volúmenes enteros; los historiadores han logrado mantener el legado de sus hechos en sendos estudios —con ellos nos dan una idea de cómo era su época, su vida, sus costumbres—. Sin duda dos apellidos famosos del renacimiento fueron los Borgia y los Médici, cara y cruz de un momento determinado de nuestro pasado.
Estos días, por casualidad, cayeron en mis manos dos novelas históricas de la serie Crímenes Célebres escritos por Alejandro Dumas: Los Médici (el primero) y Los Borgia (el segundo), no tenía planificado leer estos textos; sin embargo, estos temas son sumamente interesantes, no pude resistirme a embarcarme en la aventura de leerlos. Estos relatos se centran en hechos fidedignos, describiendo las diversas formas en las que se llevaron a cabo asesinatos y pugnas por el poder. A lo largo de varios momentos trascendentales las pasiones humanas en todas sus expresiones se hallan contenidas en sus páginas.
Este tipo de novelas se toman libertades que un libro de historia no podría tomarse. Los arquetipos de esta ficción son tomados de la realidad para darle un aire de verdad a lo narrado, fingiendo ser un escrito fáctico. En las partes contrastables con estudios contrastados el autor se ciñe a los documentos que existen sobre ellos, pero en lo concerniente a: los sentimientos, pensamientos, conversaciones, reacciones y soliloquios, el escritor hace uso de su imaginación, es así que introduce componentes que no son reales, dándole el carácter literario a estos escritos.
La primera vez que escuché el apellido Médici fue al ver un documental sobre Michelangelo Buonarroti, llamado «El Divino», en él nombraban a Lorenzo de Médici, «El magnífico», protector de artistas. Lorenzo fue un reconocido mecenas en Florencia, su prodigalidad lo convirtió en una figura destacada, creando ciertas desavenencias en su entorno, siendo uno de sus más grandes opositores el fraile Girolamo Savonarola. Este prior dominico, reformista italiano, veía con recelo lo mundano y libertino del mundo florentino, en sus sermones apocalípticos anunciaba los tormentos del infierno para todos aquellos que participaran de la sinrazón del arte de su tiempo. Fomentó la quema de pinturas y manifestaciones sacrílegas en su famosa «Hoguera de las vanidades», en aras de eliminar lo pecaminoso del ambiente que lo rodeaba, se quemaron: libros de poesía, pinturas de temas mitológicos o que contenían desnudos. En ese mismo documental nombraban al Papa Alejandro VI, Rodrigo Borgia, llegó a ocupar este puesto gracias a su tío Calixto III, durante su papado el cardenal de san Dionisio Jean Bilhères de Lagraulas solicitó a «El Divino» su Pietà, la famosa escultura en la que se representa a la virgen María cogiendo en brazos a un Jesucristo que yacía muerto.
Estas novelas de Dumas nos narran las virtudes y defectos de sus protagonistas. En la de los Médici, hace un recorrido de toda la genealogía de esta estirpe y nos dibuja la personalidad de cada uno de sus miembros. Nos presenta la época en la que vivieron, llena de continuas maquinaciones para apartarlos del poder que habían adquirido debido a sus dotes diplomáticas. Explica cómo la buena fortuna los acompañó y ayudaron a que Florencia se encumbrara como potencia, destacando las dos partes en las que se divide la historia, la primera haciendo referencia a la rama mayor y la segunda a la rama menor de este linaje, llegando a ser una de las familias más importantes de Europa. Por otra parte, la de Los Borgia, nos relata la forma en la que llegó a ser Papa Rodrigo Borja y cómo este modificó su apellido para que sonara más italiano. La obra detalla el proceso mediante el cual fue elegido Sumo Pontífice, en sus hojas lo muestra como un conclave amañado, pues, el Cardenal valenciano compró los votos necesarios para ser elegido como cabeza de la iglesia, asimismo, se detallan los entresijos que giraban a su alrededor. Con Alejandro VI se hicieron comunes la venta de bulas, colocó a sus familiares en puestos claves dentro del vaticano, modificó las normas a su antojo, las adaptó a sus necesidades personales y a la de sus hijos.
El narrador de las novelas es omnisciente, a veces suelta frases que tendrán más sentido en capítulos posteriores, también se denota en las veces que hace su aparición para guiarnos en la lectura de determinados hechos. Esta manera de escribir es propia del estilo del siglo XIX, si lo contextualizamos podemos añadir que está ubicada en la época romántica, en esos años el hombre comienza a tomar consciencia de su naturaleza histórica.
Fue una sorpresa encontrarme con estos textos, no había planificado su lectura, me encontraron en un momento adecuado para aprovechar su contenido, no me decepcionó leerlos. La manera más entretenida de introducirnos en la historia es leyendo novelas de este género, no obstante, se debe hacer hincapié en el hecho de que no dejan de ser ficción.

Mitchel Ríos