Opinión

Una copa deslucida

Ayer se inauguró La Copa Mundial de la FIFA Catar 2022, recuerdo que desde pequeño para mí era especial ver, por televisión, este acontecimiento (no me he perdido ninguna desde que tengo uso de razón), la magia que desprendía era única. Lo seguía porque el futbol me gusta y siendo este el certamen más importante de este deporte no podía perdérmelo.
Sin embargo, en esta oportunidad ha sido diferente, ya que se realiza en un país que no se caracteriza por respetar los derechos humanos, Qatar, en donde no hay libertad y su gobierno autoritario no deja que haya la más leve opción de expresar el rechazo al régimen imperante.
Las críticas se han oído desde fuera del entorno de la FIFA, destacando el modo en el que fue elegida la sede de esta edición de la copa mundial y la forma en la que se pusieron de acuerdo para hacer como si en ese país no pasara nada, como si estuviera todo bien y no hubiera atentados en contra de los derechos humanos.
Lamentablemente no ha habido una voz de alto nivel (me refiero a uno de los que tienen poder de decisión en la FIFA) que haya hablado claro sobre los problemas que implica participar en un campeonato organizado en un país con estas características. Incluso algunos, al ser preguntados por este asunto, obvian la pregunta o simplemente cambian de tema o responden que a ellos eso no les compete, no son políticos.
Sería bueno que les mostraran a todos los responsables de la organización, lo que sucede en aquel lugar, lo que apoyan al ser partícipes del evento. No obstante, que desconozcan la falta de libertad y respeto a los derechos humanos sería risible, pues en la actualidad manejamos información de todo el mundo, sí tú o yo hemos leído sobre ese tema, a estos solo les bastaría con sentarse delante de un ordenador y buscar el tema de abuso en aquel sitio (como nosotros). Lo peor de todo es que tengo la seguridad de que conocen lo que pasa, pero como mucha gente en la actualidad, pasan de soslayo, no quieren sentar su posición, porque podrían perder dinero.
Leer las declaraciones de quien lleva las riendas de la FIFA, Infantino, es chocante, pues parece que viviera en una realidad paralela y nos toma por tontos a todos, se cree el más listo, aduciendo que el no ve que existan atropellos en ese país, sin duda, sus discursos demagógicos son para un determinado público que, al parecer, se ha empeñado en decir que ahí no existe nada anormal, pues no es su deber hacerlo. En ese sentido, se alinea con muchos integrantes de la sociedad que considera como lejanos los problemas del vecino y piensa que ese tema es para los políticos, ellos no lo son, solo son dirigentes, deportistas, gente que no aborda temas complejos. Además, arguyen que no aspiran a cambiar el mundo y repiten que no les gusta mezclar el deporte con la política. A estos sería bueno recordarles que el deporte es un dispositivo del poder, ya lo usaron los nazis en Berlín 36, ellos son peones de un ente que juega con los intereses de sus participantes.
Aún no tengo claro si veré los partidos de la copa del mundo o me centraré en otras cosas. Por primera vez, desde que recuerdo, no siento la emoción de sentarme delante de la pantalla para seguir los encuentros, tal vez tenga que ver con la temporada, invierno, ya que usualmente se suele jugar en verano, pero como los que manejan las cuestiones mercantilistas de este deporte lo decidieron así, los seguidores tenemos que conformarnos con lo que nos den. Quizás habrá más gente que se sienta como yo, defraudado, en cierto modo, al ver en lo que se ha convertido este deporte que me gusta y he practicado.