Creatividad

Un gran detalle

La feria se acercaba, en condiciones normales no se hubiera interesado, no es de las experiencias más enriquecedoras, salvo pocas excepciones —argumentaba.
Pero debido a diferentes situaciones que se dieron los últimos meses, esta edición la esperaba con impaciencia. Estar encerrado no le sentaba bien, tener la posibilidad de salir y moverse libremente era un aliciente difícil de obviar.
Revisó el programa de la muestra, quería saber que invitados se presentaban y cuándo.
Mientras recorría la lista se encontró con el nombre de un autor que le gustaba, tuvo la oportunidad de conocerlo y hacerse firmar un libro, le resultó majo.
Aquella vez cruzó un par de palabras, lo que buenamente pudo ya que al ser día de firmas había más gente esperando su turno.
Pensaba que sería genial que le obsequiara algo de su genialidad para escribir, así como su manera de enfrentarse a los bloqueos creativos.
Antes de acercarse, estuvo pensando en las cosas que diría, se presentaría, comentaría de qué lugar era, también daría una pequeña apreciación de lo que había leído. Mas cuando lo tuvo delante, solo atinó a decir que le había gustado el texto que llevaba.
Firmó el libro y sin más, lo que sería una gran experiencia, concluyó de ese modo tan simple.
Desde esa oportunidad a hoy, había comprado y leído más obras de ese novelista, comprendió que el libro autografiado no era de lo mejor que había escrito.
Como información adjunta, trató de empaparse del tema que abordaría la exhibición, en ocasiones leer las reseñas era interesante, pero este no era el caso, el texto era pésimo, parecía escrito por alguien de forma apurada, estaba mal redactado, ponía comas en dónde no debía, era un sinsentido, una amalgama de citas que no hilaban correctamente, parecía el trabajo de alguien que no estaba emparentado con la actividad, de repente uno de tantos enchufados. Solo así se explicaría que alguien con ese nivel de redacción pudiera escribir en ese espacio de consulta.
Esta decepción no melló su interés, cogería todo lo que tenía de ese autor y se lo llevaría, no obstante, esperaba que, en esta oportunidad, no hubiera tanta gente como la vez anterior.
Metió todo el material en una mochila, también cogió un boli, si por algún motivo no tenía uno, él sacaría el suyo, no lo pillaría desprevenido.
Cuando estuvo en aquel lugar se sintió reconfortado, no había demasiada gente, ese era el día para charlar con el autor y ahora sí le diría su opinión, se ubicó en la caseta y pronto fue atendido.
Habló de lo que le apetecía, le comentó lo que pensaba sobre sus escritos, en especial del último publicado, le indicó lo que para él era la mejor parte y este le respondió que, efectivamente, esa era la parte importante, el centro del andamiaje de la novela. Se sintió bien, pues entendió que su comprensión lectora no estaba del todo errada, sus años de dedicación habían surtido efecto.
Continuó hablando, envalentonado por su opinión certera, le acotó un par de cosas más. Tras firmarle los ejemplares, dio las gracias, este detalle lo recordaría siempre.
Al retirarse, pasó por una caseta en la que estaba un escritor que se autodenominaba como el más grande de su generación, sin embargo, no había nadie interesado en sus obras.
Así estuvo, solo, hasta que se le acercó el vendedor de un pasquín, por la forma de hablar se notaba cierta familiaridad.
Recordaba haber leído alguna de sus narraciones, su estilo era poco natural, demasiado pretencioso, su lectura era insufrible, parecía como si el texto dijera:
—Yo sé más qué tú…
Incluso recalcaba en cada línea que no era su lector ideal.
Esa poca agilidad no hacía mella en las editoriales que le apoyaban, igual sería por alguna cuestión política o prebenda, no sería raro.
De reojo, se fijó en la escena. Charlaban como si se conocieran de tiempo. El tipo que se acercó le dio una edición de su pasquín, el otro lo cogió y lo guardó.
Lamentablemente a la distancia en la que se encontraba le era imposible escuchar lo que hablaban.
El tipo periodista le estaba haciendo la pelota u otra cuestión de la que sacaría beneficio, de repente soltaron una carcajada, ¿cuál sería el chiste?, le hubiera gustado escucharlo y ser partícipe de la broma.
Tras concluir ese intercambio de pareceres, volvió a ponerse serio, el encargado de la editorial acomodó el letrero que indicaba que hoy firma…, pero no había nadie por ahí, solo estaba él y la esperanza de que alguien se acercada para pedirle un autógrafo.
Era una buena oportunidad para acercarse, al no haber nadie, pero la dejó pasar, no tenía ganas de hablar con alguien de su calaña.