Reseñas

Todos los días se aprenden cosas nuevas

Asistir a la presentación de un libro es una experiencia sustancial, la del libro «La defensa de la mujer en la literatura hispánica (siglos XV-XVII)», fue una de ellas, hubo cordialidad y buena sintonía entre los encargados de hacerlo, los temas que abordaron fueron bien expuestos. De las cuestiones tratadas hubo una que me llamó la atención, «la querella de las mujeres» (Querelle des femmes), tengo que admitir que no sabía nada sobre el tema por eso cuando llegué a casa lo primero que hice fue encender el ordenador, esperé a que se inicializara el sistema operativo, abrí el navegador y escribí el nombre del tema que quería buscar, me dio muchos resultados, a partir de la información que pude obtener hice el siguiente resumen.
La querella de las mujeres se inició entre, la que se considera la primera escritora feminista o protofeminista, Christine de Pizan y Jean de Meung, autor de la segunda parte del poema de «El romance de la rosa» (Le roman de la rose, un poema medieval francés que toma la forma de un sueño alegórico, la primera parte del poema fue escrita por Guillaume de Lorris) a raíz de la muerte del autor inicial añadió un «Arte de amar» exponiendo crudamente los vicios de las mujeres, su maestría en las artes de engaño y los medios por los cuales los hombres pueden ser obnubilados y obcecados por ellas.
Pizan escribe «La ciudad de las damas» (Cité des dames), para descargar su indignación y rebatir los argumentos misóginos de aquellos empeñados en demostrar la naturaleza no moral de las mujeres, en oposición a la de los hombres, y su perversidad intrínseca y corrosiva, «No es que sea cosa de un hombre o dos, … no hay texto que esté exento de misoginia». Hundida en tan tristes reflexiones recibe la visita de tres Damas coronadas de muy alto rango cuyo resplandor ilumina toda la habitación. Éstas no son otras que Razón, Derechura y Justicia, quienes sugieren a Cristina construir una ciudad que pueda acoger a todas las mujeres, “una Ciudad levantada y edificada para todas las mujeres de mérito, las de ayer, hoy y mañana”.
El foso profundo en el que han de ir los cimientos de la ciudad se vacía primero de todos los prejuicios que los hombres han propagado sobre las mujeres, sin ahorrarles los calificativos de necios o mentirosos, desenmascarando las diferentes motivaciones de los mismos y poniendo en evidencia la debilidad de sus argumentos. En esta labor, no desaprovecha la ocasión para destacar como las cualidades más positivas las imputaciones en que los hombres han convertido la ternura, la compasión y la entrega a los demás de las mujeres.
Christine sostenía que todo lo que se dice sobre la maldad de la mujer no se debe a una característica intrínseca, sino a las circunstancias, que no son naturales, sino sociales.
A partir de este conflicto se inicia la querella de las mujeres. Como tal este suceso una larga disputa entre escritoras y escritores sobre la dignidad de las mujeres, valoración y regulación de la diferencia sexual en casi toda Europa, ocupó parte de la Edad Media, y toda la Edad Moderna, hasta la Revolución Francesa. El debate que se planteó fue: filosófico, teológico, científico, político y literario. La escritora Simone de Beauvoir, en su libro «El segundo sexo» (Le Deuxième Sexe) plantea que Pizan fue la primera escritora que tomó la pluma en defensa de su sexo.
La publicación del libro presentado en la Biblioteca Valdecilla es un gran aporte para la crítica literaria española, de esta manera la investigación, de José Julio Vélez Sainz, allana el camino a todos los que quieran embarcarse en este tipo de asuntos, estudios de género, porque hasta ahora se ha venido relegando a la mujer a un puesto subordinado, fuera del centro hacedor del discurso oficial.
Y sí, tiene razón al decir que a veces lo que se deja de escribir es más importante que lo que se escribe, porque la palabra escrita (hablada) pasa por muchos filtros, entre ellos los de la censura (psicoanalítica), el mérito está en hacer que lo que se escribe sea lo suficientemente diáfano para estar dentro del corpus escrito y causar el interés de los receptores del texto.

Mitchel Ríos