Creatividad

Todo por su admirado

Estuvo aproximadamente una hora en el ordenador para conseguir una entrada. Por casualidad se enteró de que estaría su admirado en un centro cultural cercano. En aquella oportunidad, mientras revisaba su correo, se le dio por entrar a la carpeta de Spam y se fijó en uno de los tantos mails que le llegaban, no solía prestarles atención, consideraba que si estaban ahí era porque no tenían ningún valor.
Era un evento gratuito organizado para rendirle un homenaje por su trayectoria, además, habría una serie de panelistas, también famosos, que hablarían de su amistad y la forma en la que la obra de este autor cambió su modo de ver el mundo.
No tenía muy clara la forma en la que se llevaría a cabo aquella ceremonia. Había asistido a otro tipo de presentaciones en aquel lugar, recordaba una en especial, en ella se dio a conocer un libro conmemorativo de un escritor extranjero.
Un autor que había muerto dejando inconclusa su última novela. Era una producción que solo él la entendía, su forma era extraña, era como estar frente a la hechura de un loco. El encargado de explicarlo era un especialista instruido hasta la médula en su bibliografía. Por su modo de hablar la experiencia fue gratificante. Pero volviendo sobre el autor explicaba que esto se debía a la época convulsa en la que vivía, en lo personal era retraído y su exposición innecesaria debido a una de sus obras hizo que se deprimiera.
Lamentablemente —aquí se detenía el experto—, nunca llegaremos a saber lo que tenía en mente, se fue joven, en un momento en el que daba señales de poder alcanzar un nivel extraordinario en el arte de escribir.
Tras aquella exposición le pareció que la trascendencia de este era tan sustancial que él se sorprendió al no tener idea alguna del tema que abordaba, por lo menos por cultura general —se dijo entre dientes—. A pesar de ser un tanto exótico, la forma tan emotiva con la que disertaba el ponente, los datos que proporcionaba, las anécdotas que contaba y el énfasis que utilizaba al referirse a todo lo que rodeaba a ese personaje, consiguieron que le resultara interesante.
Al concluir la presentación, en el momento de salir, se fijó que lo vendían en un largo pasadizo. Se acercó y no se lo pensó demasiado, lo compró. Sin embargo, el no estar emparentado con su forma de escribir y el desconocimiento de la idiosincrasia de su país de origen, hicieron que su interés inicial decayera pronto, de tal modo que aquel libro conmemorativo fue olvidado en un corto lapso. Tampoco le dio más oportunidades, no podía perder el tiempo así, si una lectura no satisfacía sus expectativas, la abandonaba. Los temas exóticos no iban con él —se dijo—. Desde ese día solo leería escritos elaborados por las grandes luminarias de valor comprobado.
Lo gratuito estaba sumamente cotizado, la vez anterior en la que se presentó su admirado, fue imposible reservar una entrada.
No tenía planificado que fuera necesario ponerse al tema apenas fuera anunciado, solo se enfocó en él en la víspera de su realización, por eso no pudo asistir. Esto le sentó fatal.
Hasta ese momento no había imaginado que más personas compartieran sus mismos intereses, aunque siendo realistas, esa exposición no se haría solo para él, sí ese fuera el caso, no sería considerado como un evento de interés popular, tampoco se requeriría un recinto tan espacioso, es más, ni se realizaría.
De repente, los que se hicieron con una, estuvieron desde el inicio bregando por hacerlo, su esfuerzo rindió frutos, por eso no debería sorprenderle la imposibilidad de conseguir las entradas, era lo natural.
Había pecado de iluso, pero esto no le volvería a pasar, la próxima vez estaría pendiente desde el primer instante.
Y así fue, apenas se enteró del nuevo evento, se puso manos a la obra, se sentó delante del ordenador con la firme idea de pillar una entrada, no se levantaría de ahí sin alcanzar su objetivo. Al inicio le pareció que le pasaría lo de la vez anterior, metía los datos necesarios y recibía como respuesta una ventana en blanco, prueba de que había más usuarios intentando lo mismo que él. Tras la tercera vez que recibió la misma respuesta, su convicción comenzó a desvanecerse. Cuando estaba a punto de darse por vencido, recordó una indicación de la web: si algo así sucedía era necesario actualizar con F5, apretando esa tecla se refrescaba la vista de la página. La siguió y pudo avanzar a otra pantalla, en ella metió sus datos: consiguió hacerse con una entrada.
La tenía para dentro de un mes, una fecha importante para él, sería la primera vez en la que vería a su admirado, no sabía cómo reaccionaría, tal vez se pondría nervioso, compartir un mismo ambiente con él, sería lo más —imaginaba.
El día en el que tendría lugar el evento cultural, trató de desocuparse pronto, salir, si se lo permitían unos treinta minutos antes que la hora de costumbre, pero no fue posible.
Como si todo confabulara para que no asistiera, las cosas comenzaron a torcerse, si los días anteriores fueron distendidos ese, en particular, se hizo insufrible, podía haber dicho que tenía entradas para…, pero no lo hizo, no le parecía una excusa pertinente como para dejar el trabajo a medias. Solo pudo salir una vez que lo concluyó. Cogió el transporte público y se bajó a dos bloques del lugar señalado.
Apuró el paso, no quería perderse el acto, miró la hora y faltaban cinco minutos para que empezara, no quería llegar tarde, temía no encontrar un sitio para sentarse. Al llegar, encontró uno libre, lo ocupó y esperó a que aparecía su admirado.