Opinión

Todo por la fama

La gente está enloqueciendo en las redes sociales, en especial aquellos que se desviven por conseguir seguidores y likes. Los dueños de estos canales hacen múltiples tonterías para sumar suscriptores y mantenerlos. Los enfocados en este fin suelen someterse a pruebas absurdas que cualquiera, con dos dedos de frente, se lo replantearía cientos de veces antes de efectuarlas. Lamentablemente, para mala suerte de los que se embarcan en esas aventuras, las cosas no terminan saliendo como esperaban, en lugar de conseguir fama, dejan testimonio de sus últimos momentos de vida.
Uno de estos casos tuvo lugar hace un par de años. Una pareja de jóvenes estadounidenses, ella de 19 y él de 22, quiso demostrar que un libro podía ser capaz de detener una bala. En su canal de videos colgaban material en donde se gastaban bromas inofensivas. Sin embargo, la notoriedad que ansiaban no llegaba, por eso quisieron hacer una grabación más fuerte. En palabras de la chica: La idea se le ocurrió a él. Antes de llevar a cabo su realización, practicaron hasta autoconvencerse de que las hojas de un texto eran capaces de contener la fuerza de un proyectil disparado por un arma de fuego. Eran conscientes del riesgo al que se exponían, sería el video más peligroso que habían hecho hasta el momento. La secuencia se rodaría detrás de un coche, la encargada de efectuar el disparo sería la chica, el muchacho se colocaría el libro en el pecho y se ubicaría a corta distancia para recibir la descarga. Como era lógico, las hojas de papel no detuvieron la bala y el chico, a causa del daño ocasionado por el balazo, murió. Sus ganas de conseguir la fama en el medio virtual no les hicieron medir las consecuencias de sus actos.
Otro caso que me llamó la atención fue el de un chico en China que se comió un ciempiés vivo, esto sucedió hace unos meses. Según recogen los medios informativos, este chaval estaba acostumbrado a comer las cosas más extravagantes, por eso, en esta oportunidad quiso ir más allá, encontrando en ese insecto el bocado definitivo. Se preparó para llevar a cabo la empresa y lo engulló delante de la cámara. Durante la transmisión comenzó a sentirse mal y perdió el conocimiento. Dos días después fue encontrado muerto por la policía. Al parecer se tragó un ciempiés dorado.
Otra historia trágica fue la de un grupo de amigos hindúes que quisieron fotografiarse en las vías del tren. La emoción, aparentemente, les pudo, se ensimismaron en su actividad y no se percataron de que venía el tren. Dos murieron por hacerse la autofoto y el tercero por estar observando. Tal vez quisieron demostrar lo valientes que eran, a pesar de lo inseguro de su actitud y del lugar, siguieron, era más importante obtener una instantánea; ahí se dejaron la vida.
Estos hechos nos hacen pensar en los límites que pueden sobrepasar algunos para conseguir la fama. Las ansias por volverse mediáticos les hacen pasar por alto los riesgos a los que se exponen. En cierto modo el sistema motiva esas actitudes, cuantos más suscriptores tengas y más me gusta consigas, la retribución monetaria se ve incrementada, así como la posición de su medio, motivando a darle poco valor a lo más importante, por encima de todas las cosas: la vida.

Mitchel Ríos