Creatividad

Stalkear

No soy tonto, sé que no lo soy, pero hay cosas que no se me dan bien. Desde siempre he estado peleado con la tecnología, me sorprende la facilidad con la que algunos se mueven por ese campo, cogen un portátil y parece su medio natural, sin embargo, cojo el mismo trasto y no me desenvuelvo con la misma facilidad, tal vez tenga un secreto, sino, no es posible la dificultad que presenta.
Los últimos días resultaban raros. Comenzó a sentirse aislado, pues alguien paulatinamente lo fue bloqueando en las redes sociales, bastaba con que diera signos de estar cerca, de tal modo que no hubiera posibilidad de ver sus estados.
Para hacerme más ágil en esas lides busqué el asesoramiento de un milenial, ¿Quién sino uno de esa generación para que me mostrara los trucos necesarios?, el problema era la velocidad con la que enseñaba, por más que prestaba atención había puntos en los que me perdía, al inicio sentí vergüenza, ¿cómo decirle a alguien menor que no entendía?, que se me pasaban varias cosas, que no pillaba la idea. Me acojonaba demostrar que estaba en desventaja, pero en algún momento tendría que hacerlo, si no, sería improbable que avanzara en el aprendizaje.
De repente, se leía en la pantalla: la página que busca no está disponible, por experiencia, sabía qué hacía referencia a estar bloqueado en determinadas plataformas, esto se podía verificar al entrar con una cuenta diferente porque, como por arte de magia, el perfil que quería ver, aparecía, así quedaban confirmadas sus sospechas, estaba imposibilitado para ponerse en contacto por ese medio.
Para seguir el ritmo conseguí un cuaderno, cada vez que veía algo que no me cuadraba lo escribía, de ese modo, comencé a llenarlo de apuntes, pero aún no hacía preguntas, no tenía la suficiente confianza, las preguntas tendría que dejarlas para más adelante.
Si no le apetecía hablarle ¿por qué no se lo dijo?, qué fácil es bloquear y aparentar como si todo estuviera bien, ¿acaso no hay una persona detrás de ese perfil?, pero qué más da, total, era como echar la basura debajo de la alfombra, si no la veo no existe.
—¿Puedes ir más lento? —por primera vez se animó a preguntar.
—Pero esto es de lo más sencillo, estoy yendo despacio.
—Despacio en modo yo, ¿lo entiendes?
—Esto es lo más fácil que hay.
—Claro, es fácil cuando estás metido en el tema, yo, un completo ignorante voy despacio, aun no entiendo del todo lo que estás desarrollando —al decirlo pensó que había usado un tono demasiado serio.
El problema de comunicación había surgido meses antes. Él esperaba que fuera poco a poco. Así tomaría conciencia de lo que estaba sucediendo, de tal modo que al final se daría cuenta de que la relación no avanzaba.
No tenía planificado enemistarme con mi coach.
¿Hoy quieres hablar conmigo y mañana no?, no podía decirle a la cara: no quiero saber nada de ti, déjame en paz. Quizá pensó que lo mejor era ocultarse en el medio digital, además facilitaba este tipo de comportamiento: hoy te quiero y mañana a tomar por saco, el cambio fue violento.
Cuando era joven también se me daban bien determinadas actividades que a la gente mayor de mi entorno no. A veces pedían que les enseñara, seguro de mí mismo, les decía que era fácil. Como la mayoría de ocasiones no entendían lo que les explicaba, pues se les notaba en la cara de desconcierto, pensaba que eran unos memos. Con el paso del tiempo llegué a ocupar su lugar, era uno de ellos, estaba confundido al no captar las lecciones.
No costaba nada ser directo.
Sabía que este día llegaría, pero esperaba que demorara un poco más, yo me consideraba joven, no mayor.
Cualquier pretexto valía para alejarse.
El espíritu de esta época es avanzar a pasos agigantados y su norma es sacar actualizaciones constantemente. Si podía compararme a las nuevas tecnologías, mi software había quedado desfasado, era urgente hacerme un upgrade.
Qué lo bloqueara en una red estaba bien, sin embargo, que lo hiciera en varias le generaba un mal sabor de boca.
Palabras extrañas para temporadas similares.
Él consideraba que le debía una explicación por ese comportamiento. Solo un par de palabras.
Era necesario adquirir las competencias necesarias.
De nada serviría que en un futuro —guardaba un haz de esperanza- le pidiera disculpas (como ya pasó en su momento). Las explicaciones deberían ser ahora y, de ese modo, sentirse bien consigo mismo. Quería estar seguro de que él no era el problema y entender que ciertos comportamientos no tienen explicación, simplemente suceden.
Si el chico que tenía delante, dándome clases de informática, pensaba lo mismo que yo de las personas mayores, estaba en un serio problema, pues significaría que yo estaba envejeciendo, tendría que echar por tierra el querer empaparme de un tema que no había sido hecho para mi generación.
No obstante, hace unos días cambió de estado en una de sus páginas, eso le alegró, había una luz al final del camino, pero estaba equivocado, pues darle me gusta a ese nuevo estado, significó ser bloqueado en la última red que quedaba, ¿habría alguien que hiciera un pleno como él?
Esto es muy fácil, solo tienes que ir para aquí, hacer clic ahí y listo.
Con esa puntilla final ya no era posible volver a contactar, todos los medios digitales habían sido inhabilitados.
Tendría que dejar de lado mi pretensión de llegar a ser un experto.
¿Cuáles serían sus motivaciones?, pronto descubrió, al hacer un estudio profundo, que no conocía lo suficiente a ese contacto, no tenía ni dirección, ni teléfono, estaba a expensas de su voluntad.
Tendría que echar por tierra el ser un experto.
Mi cuaderno seguía llenándose de notas, luego me di cuenta de que profundizar en esa materia no serviría de nada, se me hacía imposible. A mí me bastaba con saber encender y apagar el ordenador. Para navegar por internet no era necesario hacer un master, tampoco era importante conocer sus entresijos, tendría que conformarme con ser un usuario doméstico.
Con la actitud que estaba demostrando, al indagar por las redes sociales, podían catalogarlo de acechador.

Mitchel Ríos