Creatividad

Reflexiones

La programación en televisión abierta era repetitiva, cambiar de un canal a otro no implicaba una variación de contenidos. Algunos canales daban series, pero por cada tres minutos de programa, la publicidad duraba siete —parecía el producto estrella—. Tenía la opción de contratar la televisión de pago, sin embargo, para él significaba un despilfarro de dinero, así como contratar el servicio de Internet. Esa nueva tecnología le parecía un invento inútil, creado para embrutecer a la gente —cualquiera podía ser un erudito consultando datos en los navegadores, la gente estudiaba menos y se dejaba llevar por la información que circulaba en la red sin poner en tela de juicio lo que leían—. Aglutinar toda la información en un solo espacio podría ocasionar que las personas fueran manipuladas de forma escandalosa.
—Los soportes informáticos no son la panacea —pensaba.
Esos trastos se estaban convirtiendo en el tan temido «Gran Hermano», tal vez ese sería el fin, el punto en el que desembocaría tanto avance moderno.
No conseguía encontrar algo que le ayudara a evadirse, quería dejar de pensar —no romperse la cabeza— total, la vida era una y sentía no estar disfrutándola —meditaba—, no obstante, en su afán por encontrar algo digno de ver caía en los canales de noticias. Verlas lo agobiaba, todo eran muertes, accidentes, problemas políticos, un cúmulo de elementos que en lugar de motivar conseguían estresar. Salían los periodistas con mensajes parcializados, sin nada de objetividad, entraban en un bucle. Por lo que se podía ver no había diversidad en la información que brindaban, era como sí se turnaran para dar las mismas noticias; a su parecer, ningún presentador era trigo limpio, además los políticos eran pésimos actores, los sainetes que armaban eran para complicar más las cosas en lugar de solucionarlas.
—Se supone que se los elige para encontrar la forma de salir de la crisis, no para que nos hagan caer en el abismo —se decía.
Partidos de oposición y partidos del gobierno, eran similares, se expresaban del mismo modo, a veces alteraban el orden de las palabras, pero, en resumen, terminaban diciendo lo mismo.
Todo esto hacía que volviera a las mismas ideas de siempre, se estaba replanteando todo lo que ocurría a su alrededor, no era que quisiera dar la espalda a la realidad, sin embargo, deseaba dejar de preocuparse por tonterías, situaciones que no le afectaban, pasara lo que pasara, tendría que arreglárselas para poder sobrevivir, nadie de buena gana le solucionaría sus problemas. Mientras tanto, un tipo salía hablando sobre los momentos históricos que se estaban desarrollando, la vida dejaría de ser como se conocía después de los acontecimientos que se estaban dando. Se banalizaba tanto el término histórico que hasta se les llamaba así a situaciones que se desarrollaban en el deporte, algo que en otro contexto no pasaría de una mera anécdota para algunos se convertía en un hecho de referencia. Era un producto, por lo tanto, necesitaba ser recubierto por ese halo de importancia para que lo consumieran las masas, como si de algo serio se tratara, pero no era más que un dispositivo de distracción, utilizado por los gobiernos para desviar la atención. Era sorprendente que en las peores crisis se consiguieran lauros deportivos, la gente salía a la calle a celebrar, pero a sus espaldas se decretaban indultos, aprobaciones de presupuestos, diversas modificaciones a las leyes. Eso sucedía cuando se colocaba en el lugar de lo más importante lo menos importante.
Seguía haciendo zapping, no encontró nada para ver, decidió apagar la tele. Todo era monótono, las horas pasaban lentamente, había ingresado en un espacio de distorsión de la realidad, eso le pasaba cuando se ponía a reflexionar.

Mitchel Ríos