Opinión

Producción inusual

Los libros y películas que más se suelen recordar son aquellos que resultan difíciles y requieren de toda nuestra atención para poder aprehender en mayor o menor medida lo que intentan decir. Son obras que resultan oscuras en un primer momento, porque no están enfocadas al público en general, solo a aquellos que tienen la suficiente paciencia como para raer su superficie y dedicar tiempo a su estudio. La mayoría de las veces el camino hacia su legibilidad es intrincado, parece que no se va a ningún lado, sin embargo, ahí recae su valor, en su dificultad, si fueran como cualquier otro producto, diáfano, sin las características que implican el reto que representan, serían abandonados a las primeras de cambio ya que no requieren complicidad con el sujeto que se acerca a ellas. Además, sería suficiente con una sola lectura, visionado, pues en las siguientes no darían más de sí, no otorgarían nuevas ideas, ya que al ser tan simples su valor queda reducido a una escueta hojeada.
La trama, aparentemente sencilla, de «El año pasado en Marienbad», cinta francesa de 1961 dirigida por Alain Resnais, se podría resumir en unas pocas líneas: X intenta persuadir a A, una mujer casada, de que abandone a M, su marido, su insistencia se basa en la promesa que se hicieron cuando se conocieron. Al llegar el día indicado A se muestra dubitativa, no recuerda la promesa que hizo, en tal tesitura se desarrolla la obra. Sin embargo, esta simpleza se va esfumando, ya que conforme avanzan las acciones el argumento deviene en un ingenioso conjunto de artefactos que dan libertad a los arquetipos que intervienen en ella.
Dar una apreciación de esta realización sería encasillarla dentro de una única lectura, porque no se delimita por su discurso, sus diversos significados, polisemia, destaca en cada escena que nos propone, porque varían según la perspectiva que les apliquemos, está abierta a cualquier tipo de interpretación, es un rompecabezas esperando a ser ensamblado, dispuesta de ese modo para ser un reto, para hacer pensar al espectador en las posibles bifurcaciones del camino sinuoso que se presenta.
Este filme plantea un lirismo particular, el tono poético de su relato consigue mezclar los sonidos con imágenes bellamente conseguidas que proyectadas al espectador lo conducen en un viaje manierista, de una sinestesia específica, enfocada en conseguir sensaciones a través de un escenario lúdico, en donde se repiten eternamente el azar y el amor, causa y efecto, difíciles de distinguir.
Sin lugar a duda, acercarse a una obra de este calibre requiere cierta disposición para enfrentarse a lo desconocido. Para desafiar a una realización que no se sustenta en un argumento lineal y que se toma varias licencias para dar apoyo a su ficción es necesario dejar de lado cualquier idea preestablecida, dejar de lado la mirada común que utilizamos para otras cintas, ya que al tratar de encasillarla dentro de una visión convencional le restaremos calidad; debido a que esperaremos una historia que encaje dentro de los marcos habituales de la narración (con un inicio, un nudo y un desenlace), así como con un leitmotiv claro que encauce nuestra lectura, nos de pistas y nos guíe en el sendero de su comprensión. En resumen, «Marienbad» es un viaje hacía lo ignoto, en donde los sonidos e imágenes confluyen para otorgarnos una experiencia única y personal.