Opinión

Posicionamiento

Hace unos días, mientras pasaba de un canal a otro en la TV, comencé a ver una película que trataba sobre un hombre abrumado por ver como estaba muriéndose su hijo; sin los medios para que le proporcionaran el tratamiento adecuado, decide hacer todo lo que esté en sus manos para salvar la vida de su chaval, aún a costa de transgredir las leyes.
El final es el típico de las cintas que pasan en la televisión pública, es predecible, no es ostentosa, tampoco tiene ínfulas de superproducción.
No obstante, esto no fue lo que dejó rondando varias ideas en mi cabeza. Por un momento me imaginé en la posición de aquel tipo y si yo estuviese dispuesto a hacer lo que fuera, si algún ser querido pasara por una circunstancia parecida.
Esto también me hizo meditar sobre la forma en la que, conforme nos vamos haciendo viejos, uno comienza a ver desde otra perspectiva ciertos temas, es decir, cambia nuestra posición y el modo en el que nos afectan. Tal vez, con otra edad no hubiera sentido empatía por el personaje que secuestra el hospital, pero pude ver que es empujado a hacerlo porque no tiene más opciones, pues inicialmente intenta arreglar el problema de la manera adecuada, siguiendo el proceso que indican los estamentos encargados de velar por la salud de los ciudadanos, sin embargo, esto no funciona, ya que se choca con barreras burocráticas que no le permiten obtener la solución que requería.
También he de decir que esta empatía surgió porque últimamente ha habido discrepancias con los gobernantes locales a causa de los manejos partidistas que hacen de la sanidad pública. Su modelo, neoliberal, quiere privatizarlo todo, dejando desamparados, como siempre, a los que menos medios tienen. Según algunos, solo deberían acceder a la atención en los hospitales los que tienen el dinero suficiente para tratarse, ergo, contratar seguros privados.
Debido a ese posicionamiento tan deleznable, se organizó una marcha hace un par de domingos, la asistencia a la misma fue multitudinaria. Yo me preparé desde muy temprano para asistir, me sorprendió la cantidad de gente que pude observar. El reclamo era sencillo, nadie se debe quedar atrás, la salud es un derecho, no un privilegio, por lo tanto, todos deberían tener las mismas oportunidades a ser tratados, independiente de su poder adquisitivo. Además, por algo pagamos impuestos los demás, los que estamos en una mejor posición, y, personalmente, concuerdo con esta afirmación.
Lamentablemente los medios manipuladores, los manejados por la extrema derecha, intentaron boicotearla, el ayuntamiento limitó el acceso a los periodistas que querían cubrir la manifestación, les confiscó sus herramientas de trabajo y no dejó que hicieran su labor de forma normal. Yo fui testigo de la gran cantidad de gente que había, no me lo contaron.
Esto demostró que no se puede ser un mercader de la salud y me sirvió para ver que aún hay esperanza en nuestra sociedad, no todo está perdido, existe confraternidad y, eso, es importante.
Volviendo sobre la película, el problema principal (y esto era lo resaltante) era la falta de dinero para pagar el tratamiento del hospital (aun siendo estatal), ya que su seguro no cubría los gastos.
Cambiar un sistema de salud universal por uno privado me parece un despropósito, es decir, un sistema en el que existen niveles, de acuerdo con lo que se pague se accede a ciertos beneficios o no.
Sé que hay muchos intereses de por medio, hay entes capitalistas que se van a beneficiar con el cambio de sistema, pueden ganar cantidades ingentes de dinero y esto es lo que los mueve.
No puede ser posible tal nivel de egoísmo, en el que prima la salud del que más dinero tiene. Hay que cuidar nuestro sistema sanitario, mantenerlo y levantar nuestra voz cada vez que alguien quiera ir en contra del bien común.