Creatividad

Por un pelo

Los lunes por la mañana era sumamente extraño llegar temprano al trabajo, por diversas razones, por los excesos del fin de semana o por las malas noches de insomnio, eran tantas cosas entremezcladas para boicotear el buen desempeño mostrado en su labor en días de buen ánimo.
—Una familia estaba celebrando una fecha especial, la necesidad de demostrar lo singular del momento hizo a uno de los miembros comprar una tarta. La sacaron de la caja color blanco, tenía la marca de la pastelería en letras grandes. La pusieron en una bandeja, con un cuchillo comenzaron a trocearla y la sirvieron en unos pequeños platos; se veía deliciosa.
—Tu historia suena aburrida.
—No es aburrida, déjame continuar.
Estaban degustando el suculento pastel, cuando de repente uno de los comensales se topó con un pelo —no se inmutó— a veces en este tipo de postres venían ese tipo de ingredientes, si nos vamos a asombrar por algo así ¿en dónde estamos? —pensó—, además habrá sido un descuido del encargado, esto no mata —continuó ingiriendo el pedazo de tarta, sin embargo, otro de los presentes encontró un hueso de pollo en su porción.
—¿Un hueso de pollo?, ¿será posible?
—Ha sido gratis, no protestes y sigue comiendo —era solo un hueso, no era necesario alarmarse; no mata.
El dulce les resultaba delicioso, había sido una ganga, lo compraron con un cincuenta por ciento de descuento.
Ese tipo de ofertas se las podía encontrar a diario, los supermercados ponían con descuento los productos con fecha cercana de vencimiento —impresa en los envases—. Ofertaban todo tipo de productos, desde pescado hasta bollos, los ubicaban en una esquina, a veces solía estar concurrida por gente interesada en pagar poco y comer bien, en esas ocasiones era imposible coger una oferta adecuada al gusto, se debía volver a casa con las manos vacías.
—Uno de los trozos con nata montada, al ser partido con una cucharilla, dejó a la vista a una mosca, todos sintieron asco, era incomprensible encontrar un bicho tan asqueroso en un postre, decidieron ir y reclamar a la pastelería, era la mosca que rebalso el vaso, era la mosca del pastel, era momento de hacer respetar sus derechos como consumidores.
—¿Por qué me cuentas eso?
—Me pareció una historia entretenida.
—¿Te entretiene la desgracia ajena?
—Es una anécdota graciosa.
La conversación continuaba, era parte del ritual para iniciar la rutina. Trataban de hacer entretenido el momento comentado sus lecturas, las series, los programas o lo observado en las redes sociales; aún somnolientos, muchas veces no se enteraban de lo que hablaban —eran las primeras horas del día— alguno observaba el periódico y se enteraba de la actualidad. Al lado había una televisión encendida, sintonizada en el canal del estado. Los desastres no se detenían alrededor del mundo, en todas partes sucedían desgracias, las escenas mostradas eran tristes. Una reportera ayudó a un hombre atrapado en su tráiler debido a las inundaciones producidas en el lugar. La chica se acercó a un grupo de salvamento; rescataron al hombre con la ayuda de un Airboat, luego de ponerlo a salvo fue entrevistado, denotaba alegría; estaba sumamente agradecido.
—¿En dónde lees tantas tonterías?
—No son tonterías.
—No son temas interesantes.
—En eso no estoy de acuerdo, todo tema es interesante en tanto sea tratado de forma adecuada.
—Además, lo olvides, influye la manera de contarlo.
—Sé contar bien lo que leo, pero, el público es un cateto, no entiende nada. Eso se sale de mis manos.
—¿Leíste algo más?
—Sí, estuve leyendo un artículo sobre el papel de las redes sociales en el encumbramiento de los neo fascismos.
Cuando se creó la red de redes, Internet, se pensó en el papel de apertura a nuevos conocimientos. Su papel de enlace entre el individuo y la información, la convertiría en el centro de irradiación intelectual; pondría al alcance de la mano conocimientos que de otro modo serían difíciles de adquirir. Esto produciría una evolución y seríamos seres sin prejuicios, odios o algún otro defecto de la sociedad.
—Es imposible, los defectos son parte de la naturaleza humana.
—Son parte, pero no deben dominar.
Se había pensado en los aspectos buenos de la nueva tecnología, no se pensó en el lado…
—¿Y en qué parte se comienza a hablar de la tarta?
—La tarta se vuelve un elemento abstracto, un concepto alejado de nuestra compresión…
—Suenas a Homer.
—Sí, mi generación se estropeó por su influencia.
—No es tan malo.
—Es entretenido, sin embargo, se ha vuelto monótono con el pasar de las temporadas, los guionistas se han estancado y no ofrecen nada sorprendente.
A veces se entrampaban en discusiones insulsas, mientras se fijaban en los viandantes.
—Yo estuve redactando una receta de comida nepalí, me estuve rompiendo la cabeza para ofrecer un texto novedoso, entretenido e informativo. Mi limitación era el desconocimiento del tema, al momento de redactar me encontraba con vacíos, se me hacía imposible rellenarlos, estuve divagando y dejé un borrador, las ideas no estaban nítidas. Tengo planificado viajar a la India, visitar el templo de las ratas, el famoso Karni Mata, un lugar en donde campan a sus anchas los bicharracos esos.
—Nunca iría a un lugar así, me dan asco esos roedores.
—No te quedes con eso, quédate con la experiencia que te puede esperar.
—Claro, «quédate con la experiencia»; una experiencia desagradable dirás. No es necesario ser un genio para deducirlo.
—Busca información y verás que son las reinas del lugar.
—Las ratas no son reinas, son una peste.
—Como entras en tantas redes sociales, deberías saber cómo es ese espacio, para dejar de preocuparte.
—Solamente me entretengo leyendo sobre tartas, pelos, huesos de pollo y moscas.
Así se iniciaba el día, desayunando en una mesa de un local cualquiera en la gran ciudad.
—La tarta era una anécdota, tampoco es para tomárselo tan en serio, no le veo el problema, lo veo en la red, lo leo, te lo cuento, si te gusta bien, sino, ya sabes lo que puedes hacer.

Mitchel Ríos