Creatividad

Perplejidad

Durante la última temporada se le dio por visitar lugares nuevos, quería conocer la ciudad como la palma de su mano. Para ello comenzó a coger distintos folletos, le daba igual de lo que fueran, era verlos y meterlos en el bolso. Se hacía con ellos en distintas agencias y en la biblioteca más cercana a su casa.
En este último lugar los colocaban pegados a unos libros, en una mesa junto a la puerta de la salida. La gente solía dejar estos textos ahí, tal vez por la falta de espacio en sus pisos, pues preferían que cayeran en manos de gente a la que le gustara la lectura, en lugar de tirarlos a la basura.
Era nuevo en el barrio y le causó sorpresa encontrarse con todos esos textos desperdigados, por eso, en aquella oportunidad, tras guardar varios folletos, cogió un ejemplar con desconfianza, no tenía claro si estaba bien llevárselos, si los prestaban o tendría que devolverlos, le parecía raro que los colocaran ahí, en un lugar poco vigilado. Miró en todas las direcciones y guardó el libro en su mochila. Durante el trayecto de regreso sentía que alguien lo iba a parar y se lo reclamaría, solo se calmó al llegar a su apartamento, ahí comprendió que era un obsequio desinteresado que había sido dejado por un extraño.
Este regalo se debía a que, por lo general, las viviendas no eran de grandes dimensiones, por eso era difícil acumular objetos, la gran mayoría de ciudadanos, cada cierto tiempo, tenían que deshacerse de las cosas que no les servían, a muchos les costaba escoger los objetos con los que deseaban quedarse, era una situación difícil, porque todo tenía una historia y valía la pena conservarlos. Sin embargo, a pesar de no querer tirar nada, al final tenían que resignarse y sopesar entre tener poco espacio o tener menos pertenencias y contar con un ambiente más holgado. Por eso muchos cogían los libros que habían leído e intentaban venderlos, otros los dejaban en la biblioteca y los más vagos los dejaban en la acera para que el camión del ayuntamiento se los llevara, no era extraño encontrárselos apilados en la calle.
En casa volvió a revisar el libro, sin duda era un gran hallazgo. Tras hacerlo sacó los folletos que había guardado y comenzó a ojearlos, no sabía qué elegir, porque todos parecían interesantes, para no romperse la cabeza decidió dejárselo a la suerte, los tiraría al aire y se decantaría por aquel que cayera del lado izquierdo de la cama, lo hizo, pero, para su mala suerte, fueron cinco los que descendieron lentamente hacia el lado designado. Por eso tuvo que hacerlo de nuevo, hasta que solo quedó uno, sin darle más vueltas lo alzó, lo revisó y planificó su visita. Iría a un edificio antiguo, subiría a la zona más alta y lo recorrería, sabía por las indicaciones del impreso que era factible hacerlo, tendría que subir por unos ascensores y pagar una entrada, la visita era guiada.
Se vistió de forma sencilla, no se centró demasiado en su ropa, se puso lo primero que encontró, no perdía el tiempo eligiendo una camisa o unos vaqueros. Además, se imaginaba que habría varios controles, por eso cuanto más sobria fuera su vestimenta, más simple sería pasar por ellos.
Fue fácil dar con el edificio, al ingresar los controles fueron menos traumáticos de lo que imaginó. Tras pasar por el detector de metales preguntó por dónde debía ir para llegar a la exposición, los de la puerta se lo indicaron, tendría que ir en dirección oeste. Se supo ubicar y llegó pronto a donde quería, la encargada de controlar el acceso le dijo que esperara para poder pasar y añadió que se podía sentar en el sofá que tenían delante, era para los asistentes.
Durante el tiempo que estuvo ahí pensó en la poca seguridad, le preocupaba que hubiera alguien queriendo cometer un atentado, con todo lo que veía en la televisión no le causaría sorpresa —pensó—, había demasiados locos en el mundo. Esa idea comenzó a coger más fuerza y lo hacía preocuparse, le daba pavor, no sabría qué hacer si se encontraba inmiscuido en uno de esos ataques. Estaba divagando cuando le comunicaron que podía pasar, no sin antes pagar la entrada, su costo era de…, le pareció barata y se dirigió a la parte más alta.
El guía comenzó a explayarse y a indicar los lugares de interés, toda su explicación se basaba en un cartel, luego siguió con sus indicaciones, señalando el mejor lugar para observar la ciudad, todos lo apuntaron.
En ese punto se hizo unas cuantas fotos con el móvil, quería guardarlas para el recuerdo, serían las primeras de muchas, luego haría un álbum, seleccionaría las mejores, las subiría a sus redes sociales, estaba en esas divagaciones cuando fue interrumpido porque el tiempo de visita había terminado, el guía se lo comunicó. Hizo el recorrido en dirección contraria, descendió un par de pisos, al salir y pasar por el puesto de control, volvió a fijarse en la poca seguridad que había en aquel sitio, pero ahora, en la calle, eso ya no interesaba, estaba a salvo.