Opinión

Pajas mentales

Hace poco le argumentaba a un colega sobre la posibilidad de llegar a acuerdos a pesar de las diferencias, porque cuando el fin está por encima de las desavenencias, es sumamente necesario acercar posiciones —hice una pausa y continué—, para eso se deben dejar de lado los egoísmos. La respuesta a mi argumentación fue la sentencia: esas son pajas mentales —a esas palabras añadió-, en la vida, como en la política, las personas y los grupos, piensan primero en si mismas, segundo en sí mismas y tercero en sí mismas, llámalo individualismo, pero las ambiciones son fundamentales, hay muchos que no tendrían problemas en ofrecerse para cualquier tipo de prebenda.
Ante eso yo manifesté: Estamos hablando de algo más grande, no de tonterías. En situaciones así, lo mejor es olvidarse del orgullo.
Consciente de que no se puede culpar a alguien por los conceptos que repite al pie de la letra, como si de una letanía se tratara, guardé silencio y di por concluido el intercambio de pareceres. En palabras de Sartre, en su obra La Nausea, al que se debería recriminar es al pensador que formuló las premisas, no se puede ser duro con alguien que se alimenta del vomito de otros y lo considera como lo más sustancial de la sabiduría humana. Mientras tengamos interiorizadas esas doctrinas incongruentes, no podremos disfrutar del entorno, porque eso imposibilitará nuestro acercamiento y seguiremos encontrando diferencias en todo, será imposible dejar de lado las máscaras que utilizamos en la denominada realidad.
Los fundamentos que nos separan son, en su mayoría, artificiales; si apartáramos esas abstracciones: religión, ideología, viviríamos en un lugar mejor. No deberíamos dejar que nos impongan ideas basadas en pseudoconocimientos sustentados en teorías trasnochadas. Ese compendio de saberes mal empleados son el arma de la que se valen aquellos que necesitan generar diferencias en el medio. Quieren que todos vean las cosas desde su misma perspectiva, como si esa fuera la única visión posible, en muchos ámbitos los encontramos y, a muchos, no nos queda otra opción que pasar por el aro.
Lamentablemente en la sociedad en la que vivimos, al diferente, al que no se ciñe a los cánones escritos, se le persigue, ya que puede ser el punto de partida de insurrecciones y traer el caos al orden establecido.
Estos constructos, religión e ideología, no permiten que nos conozcamos, se empeñan en hacernos ver la realidad a través de sus filtros, su fin es alejarnos de la verdad, por eso no podemos ver al mundo sin la intromisión de ideas impuestas. La única forma de ver al mundo basado en nuestra experiencia es dejando de lado nuestras ideas preconcebidas, así como los prejuicios que conllevan. Sin ese manto innecesario uno puede acercarse a la comprensión del otro, obstaculizado, muchas veces, por los dogmas. El camino debe guiarse por nuestro propio juicio, a pesar de que, en el trayecto, se nos tilde de escépticos o necios, dos epítetos utilizados por el sistema para hacernos claudicar y desistir en nuestros intentos.

Mitchel Ríos