Opinión

Necesidad Vital

Hace unas semanas estaba caminando por la Puerta del Sol —era temprano— de repente noté que había una larga cola, pensé que sería para sacar entradas para un evento cultural —de los muchos que hay en Madrid—, sin embargo, después de preguntar la razón por la que había ese conglomerado de gente me dijeron que era debido a que salía a la venta el último IPhone de Apple. Ver las caras entusiasmadas de los que hacían cola en la puerta del local, era algo que asombraba, parecía como si la vida se les fuera en ello; sería una hecatombe no poder hacerse con uno.
Cuando nos ponemos a pensar en adicciones lo primero que se nos viene a la mente son las drogas, el alcohol y el juego. Cada una de estas tiene un nombre otorgado por los especialistas —con toda su carga peyorativa—. Se tienen diversas ideas sobre la gente que es aquejada por estos males y se piensa que el grupo de seres que conforma su población tiene como vicio común la falta de control, la poca fuerza de voluntad; no obstante, en la actualidad existen los adictos a la tecnología.
Los especialistas ubican el rango de edad de los que pueden sufrir esta adicción entre los 16 y 30 años. Su vida gira en torno a los avances tecnológicos —no pueden vivir sin ellos—. Sienten que la única manera de integrarse se encuentra en los entornos que les proporcionan y su conducta se ve modificada. En el interior de estos se encuentran las redes sociales, muchos sufren de angustia si no están enterados de los hechos que tienen lugar en Internet, pueden llegar a considerar que se pierden las cosas buenas de la vida, todo esto debido al uso descontrolado de la tecnología. Esta, en sí misma, no es causante de la dependencia, son las personas que se acercan a ella las que vienen con determinada predisposición; extrapolan en el medio virtual sus carencias del mundo real.
Las grandes empresas se dedican a crear dispositivos que son funcionales en tanto la gente dependa de ellos. Las corporaciones tecnológicas inventan artilugios, luego se dedican a convencer a la gente que son importantes, por eso persuaden a los consumidores para hacerles creer que no pueden vivir sin poseer uno de sus inventos. El despliegue propagandístico es tal que a veces consiguen su cometido, llegan a atraer a la gente y les inducen a pensar que la felicidad está contenida en un aparato electrónico. Como decía un visionario, la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo muestras, por lo tanto, a eso se debe la cantidad de información con la que nos bombardean para que nos acerquemos a las tiendas más cercanas, al final no dejan de manipular y encauzar la voluntad de las personas hacia sus fines.
Algo de lo que hablan los especialistas es la dificultad existente para apartar a la gente de medios a los que pueden acceder fácilmente; como siempre, queda en cada uno de nosotros el uso que le demos a los mismos, si somos exagerados o no en su manipulación, el tiempo que dedicamos a estar conectados; factores que, conforme se van acumulando, generan problemas.
No quiero decir que sea malo gastar nuestro dinero —o el de nuestros padres— en estos dispositivos, tenemos la libertad de elegir entre comprarlos o no, a pesar de todos los mensajes subliminales con los que nos bombardean para dirigir nuestra libre elección. Nos podemos sentir mal o bien, pero la vida es más plena cuando cubrimos todas nuestras necesidades vitales y para algunos tener lo último en tecnología es una de ellas.

Mitchel Ríos