Creatividad

Monotonía

Eran los programas típicos de comedia, sin novedades, los mismos que pasaban una y otra vez en la tele. Se sabía el guion de los personajes —nada nuevo—, pero conseguían hacerle reír, las horas pasaban haciéndole perder la noción real del tiempo.
Se levantó, apagó la tv, se cansó de estar echado en la cama, a eso se le podía añadir un dolor de espalda persistente —producto del mal estado de los muelles del colchón—, se planteó comprar uno nuevo; los precios exorbitados eran una razón de peso para seguir aguantando ese malestar, por eso, pasaba la noche entera tratando de encontrar posición, a causa de ello trasnochaba. Su incomodidad para dormir y el sueño volátil que tenía, lo hacían entretenerse viendo la caja boba.
El dormir poco, las malas noches, lo volvían más tonto de lo acostumbrado —algo catastrófico—, el mal humor, las bolsas debajo de los ojos, los bostezos, todo en conjunto, lo convertían en una bomba a punto de estallar. Para distraerse se dispuso a ordenar su ropa. Para él ordenar significaba meterla toda en una caja y dejar de verla tirada.
—Lo que no se ve no molesta —se decía.
Luego de esa actividad existencial decidió sacar la basura, la solía separar por su composición, tenía distintas bolsas para cada resto: orgánico, papel, plástico y vidrio, había otro para las pilas, focos, cartuchos de tinta, etc., estos los ponía en una de color verde entregada por el ayuntamiento.
Era importante apurarse, faltaba poco para que viniera el encargado de los contenedores y lo sacara a la calle. Salir marujo no era algo ideal —se decía—.
—Si sales con la ropa de dormir serías el payaso del bloque —pensaba.
Cuando eso sucedía tenía que abrir el portón y cruzar la calle, hoy no estaba en sus planes hacerlo; decidido a no salir, se dirigió al bajo, cuando enfiló hacia las escaleras, notó el suelo limpio, sin embargo, tal vez por el pésimo limpiador usado lo habían dejado pringoso, eso y el olor a ambientador de mala calidad; aún estaba el contenedor, por suerte estaba en buenas condiciones, los de los vecinos habían sido pintarrajeados. En los últimos días surgió la moda de escribir en ellos, ciertos vándalos fungían de intelectuales, tal vez lo hacían porque el mensaje estaba al nivel del canal utilizado, incluso les tomaban fotos y las mostraban en internet –el gran logro de su vida—, esto era similar a los que malograban las paredes, de esa manera expresaban su anarquismo, su insatisfacción con el sistema era depositada en esos soportes, luego para limpiar ese estropicio era necesario invertir dinero. Pensó en lo trasnochado de ese pensamiento y recordó lo mal que había dormido.
Una acción tan sencilla como sacar la basura, le estaba haciendo comerse el coco —entretenimiento necio—, el pensamiento continuaba; generaba otras resoluciones, el que simplemente se dedicaran a escribir en contenedores era producto de su estancamiento, deberían salir de su zona de confort y escribir en la calle, por ejemplo, en los trenes o en las paredes de sus casas, de tal modo que vivieran rodeados de su creación, tal vez con esa acción lograrían reinventarse. Además de colocar fotos de depósitos de basura en sus muros de Facebook podrían diversificarse y colocar imágenes de urinarios, lavabos, bacinillas —se le ocurrían miles de lugares—, si su idea era conseguir miles de me gusta, con eso lo podrían bordar, en ese momento se desconcentró por el fuerte olor del desinfectante, al parecer se les había pasado la mano, estaba convencido que al pasar sentiría esa sensación pegajosa en las pantuflas.
En ese momento se escuchó el timbre de la calle, alguien abrió la puerta, entró un tipo que dejó propagandas en los buzones, no se dio cuenta de su presencia, tampoco se hizo notar. Muchas veces estos repartidores decían ser carteros comerciales —una muletilla efectiva para que les abrieran la puerta—, la gente lo hacía porque sabían que ese era su trabajo, las propagandas dejadas eran en su mayoría de restaurantes chinos. Después de colocar la publicidad se retiró. El ruido del portón hizo que dejará de pensar, no bien volvió en sí, levantó la tapa del contenedor, metió la basura y regresó al piso.

Mitchel Ríos