Creatividad

Manifestantes

Los carteles, casi por completo, cubrían la pared. Había algunos que tenían mensajes, en ciertos tramos se observaban fotografías de víctimas del sistema.
Utilizaban un megáfono para hacerse escuchar por todo el mundo. Con esta herramienta lograban su cometido, aunque, a veces, sus ímpetus se desbordaban, ya que gritaban en exceso y era ininteligible su mensaje, consiguiendo lo que no deseaban, pues querían ser claros en su demanda.
Cerca, a unos doscientos metros, en uno de los centros de negocios, los trabajadores intentaban concentrarse, era época de impuestos y, por lo tanto, el tiempo que se perdía era difícil de recuperar, de tal modo que, cualquier interrupción generaba malestar.
Algunos, para evitar ser molestados ponían música, sin embargo, eso no ayudaba, debido a que las temperaturas altas motivaban a tener las ventanas abiertas, haciendo que el ruido se colara por todas partes.
Un viandante, de los que pasaban por ahí, consideraba que era en vano estar protestando, de ese modo no se conseguía nada, la leyenda urbana de que se conseguían derechos llevando pancartas, últimamente había sido desmontada.
Esta mentira —argüía—, fue creada por ciertos grupos para generar el caos y llevar a la gente a enfrentamientos sin sentido.
El número de los manifestantes no llamaba la atención, eran solo diez personas. Esta era una estrategia, planificada por un ente logístico encargado de prever cualquier inconveniente, en especial estaban atentos con los topos. Solo exigían a sus afiliados la disposición necesaria.
Simplemente incordian a la gente, ¿qué necesidad tenía de aguantar esos reclamos inconsistentes?, veían problemas en dónde no los había, protestaban en contra de los políticos corruptos, pero ¿acaso no había miles en todo el mundo?, el no observaba que se dieran los mismos en sociedades más avanzadas, como las del norte, ahí la gente era más educada, más formada, no como aquí en dónde los progresistas campaban a sus anchas.
Les iría mejor si se dedicaran a trabajar, así se mantendrían ocupados, serían ciudadanos de bien, no unos perros flauta que vivían esperando paguitas. Por eso el país no avanzaba —afirmaba.
A esto se le añadía la curiosidad que le causaba el pensar en quién o quiénes los financiaban, ¿habría un ser oculto que quería trastocar las bases de la sociedad en la que se desenvolvía?
Si las cosas seguían así, se acercaría a hacerles ver el sinsentido de su manifestación y lo errado de su camino.
Los gritos no cesaban, llamaban la atención de todos, debido a esto, eran seguidos de cerca por una patrulla de la policía, querían evitar que surgieran problemas.
Se encararía con el cabecilla del grupo, la gente no los tomaba en serio, sus peticiones eran inasumibles.
Los agentes los observaban desde unos cuantos metros de distancia.
Volvía sobre lo insulso de hacer manifestaciones, estar metido en las tonterías de las luchas de clases, así como su sentido, una categoría que no entendía y tampoco tenía disposición para digerirla.
Nunca se vio que detuvieran a alguien, estaban ahí como figuras decorativas, ¿cómo reaccionarían?
¿A qué se dedicarían?, cómo podían estar ahí todo el día, el temor de que una fuerza oscura los financiara nuevamente lo asustó.
Se pasaban el día conversando, ora en el coche, ora mientras recorrían la acera, intentaban pasar desapercibidos.
Por lo visto no trabajaban, estaban todo el día repitiendo sus formulillas para ser más creíbles, pero no lo eran, se denotaba que sus reclamaciones tenían pies de barro.
Ellos no eran los únicos, también rondaban por ahí sus colegas vestidos de paisano.
Como en las películas cuando se acercaban a alguien, primero mostraban su placa, luego inquirían al posible culpable, hasta que, si no entregaba lo que le solicitaban, el interrogado se convertía automáticamente en culpable.
Mientras recorría aquel espacio observó que había carteles con fotos, incluso se fijó en el traje de un niño, este, no sabía por qué, estaba manchado con sangre, un invento para causar empatía en el observador, sin embargo, en él no conseguían su cometido.
A pesar de su intención, decidió no decir nada, se callaría porque si resultaban violentos no sabría cómo reaccionar.
Mientras tanto el megáfono se hacía oír, a la distancia era difícil entender sus palabras, se escucha ruido y furia, se escuchaba un reclamo furibundo, enfadado, con todos aquellos que se dedicaban a defender el orden.
Durante el tiempo que estuvieron ahí se preguntaba si aguantarían un lapso determinado o simplemente se dedicarían a gritar sus cuitas.
A pesar de la oposición seguirían ahí, al pie del cañón, haciéndose notar, en algún momento los tomarían en cuenta y conseguirían, de este modo, mejores condiciones para desenvolverse en el mundo, sin embargo, tenían presente que sería una tarea ardua, también eran conscientes de que tendrían detractores, que cuestionarían todo lo bueno que hacían y, en algunos casos, quedarían como los culpables de todo lo malo que pasaba, los que se encargaban de socavar las bases de la unidad ciudadana, unidad que era fundamental para que el mundo siguiera girando, para que el mundo enarbolara una sola voz… se sentían a bordo de un gran barco.