Creatividad

Imprevistos

Mientras estaba sumido en mis asuntos el guardia se dirigió hacia su ordenador. No tenía clara la causa de hacerme aparcar a un lado de la carretera. En ese lapso no dejó de sonar Ma che bello questo amore y así seguiría por varios minutos. Interrumpieron, de una forma burda, mi momento. Entre la preocupación de no saber lo que estaba sucediendo y mi poca pericia en situaciones así, no se me ocurrió apagar la radio. La voz en mi cabeza se mezclaba con la del cantante y no se detenía.
Me había dispuesto a partir pronto, no quería perder demasiado tiempo con el tráfico, cuanto más temprano estuviera en la carretera sería mejor, lo sabía por experiencia.
Durante la caminata no dejaba de pensar en ella, a pesar de los silencios incómodos, los cambios de parecer y de humor, situaciones que te hacían sentir como si estuvieras viviendo en una continua repetición. De tantas veces que se reincidió en lo mismo, era cuestión de tiempo para que volviera a suceder, buscaríamos cualquier pretexto para distanciarnos, en el mejor de los casos, en el peor, destrozaríamos por completo los pocos nexos que nos unían.
De soslayo percibió que alguien lo observaba, era una de las peores sensaciones; cuando llegaban a hacerlo sentir incómodo le temblaban las manos. Era una situación molesta. Si le hubiera ocurrido de joven, tal vez, lo notarían todos; con el paso del tiempo apaciguó esos desasosiegos. Pero a veces recaía y podía parecer que estaba siendo presa de un ataque de pánico.
Terminó esa canción y comenzó a sonar Não se afaste de mim, no entendía cómo no te gustó el día que te la hizo escuchar, soltaste un no está mal… las he escuchado mejores, no pasará a formar parte de mis imprescindibles. Era una simple melodía, si te gustaba o no, era tu problema, no te haría cambiar de parecer, pero esas eran suposiciones que no venían a cuento, no quería que le hiciera la pelota, estaba bien que siempre dijera todo, sin filtros, aunque causara malestar. Prefería una actitud así, a vivir inmerso en una mentira, no teníamos que coincidir siempre.
La mirada era cada vez más insistente. Tendría que hacerse el desentendido, seguir con su copa, mirar a la nada y esperar a que se alejara.
La buena estrella sería fundamental; dejar en manos de la suerte un viaje de este estilo, era la forma de reconocer lo intrincado del mismo. Las carreteras secundarias estaban en mal estado, a diferencia de las autovías que recibían mejor trato, sin embargo, los encargados hacían la vista gorda, no se preocupaban lo más mínimo, la burocracia tenía eso, llevaban varios lustros haciéndolo, nada indicaba lo contrario, esto le chirriaba.
A lo lejos se podía observar una gran nube, no dejaba ver el camino, lo copaba todo, aparentaba estar hecha de humo. De lejos le parecía neblina, solo aproximándose se le haría más fácil confirmarlo.
Las sensaciones eran diferentes, podían cambiar de un día a otro, era un despropósito que estuvieran supeditadas al estado de ánimo. Las conversaciones se habían dejado de lado y eso no era buena señal, parecía como si el buen rollo se hubiera perdido en un momento en el que estuvieron enfermos o en otro en el que se distrajeron, eso no sería posible saberlo, sería necesario estar más atentos para dar con la solución.
No dejaba de sonar la música, por el espejo retrovisor observaba los movimientos del agente, iba de un lado a otro, al parecer lo venía monitorizando desde hacía varios kilómetros, no se había dado cuenta, era una tontería, pero eso le estaba tomando un tiempo valioso, este retraso no entraba en sus planes.
Desde que terminó la primera canción habrían sonado tres o cuatro más, esperaba que al iniciar de nuevo el viaje no se le imposibilitara hacerlo con buen ritmo. Fue en vano madrugar y hacer todo lo posible por conducir bien, muchas cosas se le ocurrían, pero no lo sabría hasta que se acercaran a su vehículo y le explicaran a que se debía todo, no bajó en ningún momento, esperó sentado hasta que terminaran la intervención, en ese instante bajó el volumen, se comenzó a oír el ruido de un papel imprimiéndose, se lo entregaron y pudo continuar.
La copa estaba terminándose; la mirada se hacía más persistente, por un instante pensó en acercarse; no era su estilo. Se levantó, salió en dirección a la calle y se quedó con la duda…

Mitchel Ríos