Creatividad

Escena matinal

Le costaba ser puntual, era fin de trimestre y tenía varios frentes abiertos.
Era bueno para perder el tiempo, podía detenerse a tomar un café y notar, al verificar la hora, que iba con retraso.
A causa de todo lo acumulado comenzaba a sentirse agobiado, era difícil de explicar, se le impregnaba en la piel. Las exigencias para dar la talla, cumplir con los plazos señalados, era un sinvivir.
Antes de salir cogió el ordenador, miró el reloj de la pared, era un preso más de aquel ente llamado tiempo. Así funcionaba su vida, tener una abstracción que controlara el orden de las cosas le daba estabilidad, era la norma, por eso, al no estar en sus manos, si todo se torcía, podía argüir que fue por culpa de una fuerza superior.
Aunque últimamente se había propuesto ir a pie a cumplir con sus deberes laborales ya que en determinados lapsos era imposible encontrar un transporte cómodo y además la vida saludable lo estaba encandilando. Pero, como estaba apresurado, se decidió por coger el servicio urbano.
Sin pensárselo demasiado cogió el primer tren que pasó, el objetivo era llegar a toda costa, estar a la hora pactada.
Para aparentar que no estaba preocupado por sus circunstancias, se apoyó en una de las puertas de salida, trataba de estar relajado, siendo testigo de lo que pasaba a su alrededor.

En la antepenúltima estación, subió un chaval que pasó por su lado sin llamar la atención, su aspecto era como el de cualquier otro. Tras esa primera impresión, notó como recorría unos cuantos metros, se comenzó a mezclar con la masa.
De repente notó un pequeño barullo, lo siguió con la mirada y se fijó como alguien, de rodillas, estaba ingiriendo unos restos de comida del suelo. No se cortaba, cogía lo que, aparentemente, se le había caído a una niña, tal vez su desayuno. La pequeña miraba con temor lo que ocurría, no se imaginaba que alguien lo recogiera del suelo.
Como todos ahí, intentó mantener la compostura, era una escena extraña, no dijo nada y siguió con sus cavilaciones.
Tras saciar su apetito, y dejar limpia la superficie, se bajó en la siguiente estación. Al tipo le daba igual lo que los demás pensaran, hizo un amague de adecentarse la ropa y se perdió en el andén.

Después de tal hecho se hizo un silencio que solo fue interrumpido por el pitido característico del cierre de puertas del vagón.

Con la imagen aún fresca, le pareció escatológico lo sucedido, uno no espera que alguien limpie el suelo con su boca, porque literalmente, lamió el suelo, intentando comer todo lo que estaba desperdigado.
Algunos de los pasajeros sonrieron, hicieron comentarios entre ellos, cuchicheaban sobre lo visto. Hablaban desde una posición de comodidad, ellos nunca harían algo así, sería lo último, sería tocar fondo, sería estar pasándolo mal, estar falto de cordura.
Nadie se atrevió a hablar en voz alta, intentaron que aquel hecho pasara como si de algo natural se tratara, todos tenían la libertad de comportarse como quisieran.

Tras ver aquella escena, se tranquilizó, tampoco estaba tan mal retrasarse algunos minutos, no era lo peor que le podía pasar.