Creatividad

En un solo sentido

Mientras conversaban le soltó la frase, enamorarse sienta bien, cambia todo, también motiva. En ese momento no respondió nada, se quedó callado, se suponía que entre ambos había algo, ¿cómo era posible que le dijera eso? (lo de enamorarse, si ambos lo estaban), si bien, no se habían dicho nada hasta ese instante, se percibía en el ambiente ese algo tan especial.
Seguir los ritos no era su estilo, era mejor que todo cayera por su propio peso y mostrar con hechos las cosas que, la mayoría de las veces, se quedaban en simples palabras huecas.
Para quitarle seriedad al tema, porque no quería soltarle un cúmulo de argumentos que hicieran que se enterara, de una forma tan tonta, de lo que sentía, profirió un par de frases.
—Enamorarse no soluciona nada, si no te apetece hacer las cosas, nadie logrará que, por arte de magia, estés dispuesto.
—No me refería a eso, iba en la dirección de que enamorarse de alguien hace que hagas cosas que no pensabas hacer antes, te da más ánimos para…
—No tiene sentido el tema.
—Yo ahora no siento nada por nadie, pero sé que cuando eso pasé comenzaré a planificar…
Le cayó fatal esa afirmación, tuvo ganas de decirle: acabas de echar a perder el momento.
—Ya me contarás cuando te suceda —hubiera querido decirle lo que sentía, no necesitaba enamorarse de nadie, ya lo estaba, a su lado disfrutaba.
Surgieron muchas cosas en ese momento, por eso, sopesando todas las opciones, se decantó por la que le diera menos dolores de cabeza, se había dado cuenta de que el sentimiento no era compartido, perdió de vista que para una relación se debían dar varias condiciones, pero la principal era que ambos fueran conscientes de su existencia.
Confundir amistad con amor es una tontería —pensó—. Le caía bien, le hacía sentir en paz, especial, calmaba sus fantasmas, pero eso era simplemente porque le brindaba su afecto y de ahí no pasaba.
No tenía nada que reclamar, pues, si analizaba todo, desde que la conoció, fue así, abierta en todo y eso no significaba nada, aunque quisiera lo contrario.
Tal vez, esa invención se debió a la mala racha que atravesaba, al luto personal que tardaría en curar, un hecho significativo que trastocó su vida y al que se enfrentó dándole la espalda, quedándose medroso, sin saber qué hacer —recordó que pensar en ello no le hacía bien, cambió de idea.
Se consoló con la esperanza de conocer a alguien que cambiara su vida, que apareciera de la nada y que, como por arte de magia, diera orden a todo, pusiera su caos en una caja y guardara las penas en el armario, como antaño, cuando todo parecía estar en armonía.
Era la época en la que vivía con la familia, todo seguía una misma línea, parecía la parte de un mundo estático, siempre se mantenía igual. Todo estaba perennemente en su sitio, no era capaz de desordenarlo, aquel lugar se conservaba inalterable. Luego comprendió que había otras fuerzas que hacían posible que todo se diera, estas llevaban las riendas de la naturaleza que allí residía. Más adelante, tomó otros rumbos y aquella perfección desapareció, vivir solo no es lo mismo que acompañado —se dijo—, ahora, esas fuerzas que guardaban estable al universo habían desaparecido, no las pudo llevar con él.
No fue hasta conocerla que el orden hizo su aparición nuevamente. La anécdota pasaba por su cabeza cientos de veces, ¿cuántas posibilidades existen de que contactes con alguien de aquel modo?
Leyó su alias en un foro, tras analizar sus escritos, le pareció que era una chica lista. Quedó prendado, pero no sabía cómo contactar de nuevo. Tras darle vueltas a varias opciones para ubicarla, como jugando puso el nombre que le había impactado en un servidor y dio con uno que se le parecía, saludó con un simple hola, esperó a tener respuesta.
—¿Quién eres?
—Leí tu nombre en un foro, lo copié y lo busqué. Tal vez eres la misma persona y nada… me gustaría conocerte, charlar contigo —fue sincero.
Tras un largo silencio añadió.
—En fin, por intentarlo no se pierde nada —Tras esta última frase no recibió ninguna contestación.
No fue hasta varios días después que hubo surgió la opción de interrelacionarse, compartir pareceres, conocerse. Volvió la armonía que le resultaba familiar, cada objeto parecía tener un sentido. Con el paso del tiempo dejaron de ser extraños.
Sus charlas versaban sobre múltiples temas, a veces, profundizaban en sus personalidades, sin embargo, tenían diferentes expectativas, una de las partes disfrutaba de las charlas, la otra, de la compañía. Si se observaba por encima parecía lo mismo, eran un par de seres compartiendo un mismo espacio, pero era una situación que tenía sus particularidades, uno vivía el sentimiento, el otro solo pasaba el rato.
Cuando deslizó que no tenía demasiado ánimo para hacer las cosas, recibió como respuesta que la mejor medicina para esa desgana residía en enamorarse (pilló la indirecta, no insistió en el tema). A partir de ahí se dio cuenta de que todo era una paja mental, por eso, ese algo que supuestamente había, se dejó de lado, las charlas, así como iniciaron, terminaron, se prometió que sería la última vez que lo intentaría.
Volvió al punto de partida. Ante todo, prefería su desorden a embarcarse en una aventura que no le daba certezas, pero sí una serie de inseguridades. No podía negar que una ilusión le podía traer novedades, sin embargo, para él se basaba en quimeras, eso y que conocer a una persona era un proceso lento, uno que, a estas alturas de su vida, no tenía planificado y no estaba dispuesto a transitar. El caos se elevó… se perdió la armonía.

Mitchel Ríos