Creatividad

En la senda

La situación era similar a la de muchas veces: esperando a las afueras de la tasca, en pie, con las manos en los bolsillos. Volteaba la cabeza a todos lados, el frío se dejaba sentir y goteaba un poco, mientras esperaba, en una de las tiendas, (de esas que abundan en este lugar), comenzó a sonar una canción, era una simple tonada, pero que consigue ensimismarte; después de escucharla comencé a hurgar en mis recuerdos, sin saber cómo, pude retrotraerme a varios años atrás, a la primera vez en que la escuché.
La canción era una del verano, todo el mundo la conocía, por despistado o por dejadez hasta ese momento se me escapó, decían que era la más sonada, estaba de moda —como me suele suceder, voy con un poco de retraso en cuestión de novedades—.
Estaba con la cabeza apoyada en el respaldo de uno de los asientos del coche, uno que amablemente me recogió en la carretera. Es complicado conseguir transporte en estos lugares, las camionetas, camiones, buses, pasan y no se detienen —me hacían sentir invisible—, nadie se apiadaba de este infeliz.
Llevaba unos cuantos kilómetros recorridos, el sol, el polvo, era una experiencia poco gratificante, como siempre mi mente volaba y me situaba en The road, el apocalipsis había llegado y no estaba enterado, algún caníbal me asaltaría en el transcurso de la aventura, me imaginaba estar inmerso en ese cataclismo, si esto era así pronto me encontraría con un pueblo abandonado, los rayos del sol rebotaban en el asfalto —comencé a sudar—. Conforme seguía caminando, le iba dando más vueltas a la idea —se me erizaba la piel—, si se daba el caso, a los pobres antropófagos les tocaría una cena magra, no saciarían su hambre, no aliviarían sus necesidades a costa de mis huesos.
Comencé a eludir la idea, seguí deambulando un trecho más, no quería que oscureciera, usualmente el frío arreciaba durante el crepúsculo, me preocupaba un poco, no tenía ropa adecuada, esto era una muestra de lo mal planificado de mi viaje, quería morir de mil formas distintas; no de hipotermia.
Entre despierto y dormido percibí el sonido de una canción, al inicio, simplemente fue un ruido molesto, mientras sonaba fue tomando forma. El coche venía de una larga jornada, debía recorrer el país de extremo a extremo, en su trayecto pasaba por mi ciudad, por una zona alejada de donde yo vivía, a pesar de ello fue un alivió, era sumamente importante regresar, una vez en mi localidad se me haría más sencillo todo, era mejor estar a unos cuantos kilómetros que a miles.
Se detuvo un coche, no lo podía creer, pensé que tendría que dormir en ese paraje inhóspito, un lugar olvidado de Dios, del cual no saldría jamás, paró unos metros delante de dónde yo estaba, sin pensarlo dos veces comencé a correr para alcanzarlo, la puerta se abrió y me recibió un tipo de aspecto dicharachero, a su lado estaba su hija, preguntaron cuál era mi destino, una vez dada mi la respuesta, me dijeron que subiera —no esperé a que lo repitieran—. El alivio que sentía era inmenso, por eso no le di vueltas a eso de no conocerlos de nada, total, yo también era un desconocido, si nos poníamos con esas nimiedades no podría volver, además: Cuando has perdido todo, cualquier haz de luz es de ayuda.
El coche retomó el viaje, el conductor tendría unos cincuenta años, llevaba una barba de tres días, su hija tendría entre diez u once años, no lo pudo deducir, e iba con una camiseta blanca.
—¿Qué hacías en un lugar así?
—Planifiqué un viaje y no salió cómo yo esperaba, tal vez, debido a lo mal planificado —le dije grosso modo—, me fue fatal en él, no bien llegué me robaron la cartera y casi me dejan sin mochila. Estar en un lugar desconocido sin dinero es sumamente difícil…
—Eso suele pasar cuando no se conoce el lugar al que se viaja, eso pasa cuando nos lanzamos a la aventura: ¿seguro fue por amor?
—Sí —la historia era cierta hasta cierto punto, sin embargo, en ningún momento me asaltaron (alguien de ahí me avisó mientras caminaba de forma cándida: Yo no caminaría por esa calle, ves a esos de ahí, hace buen rato te tienen en su punto mira, regresa por dónde has venido, será lo mejor) y había viajado al norte porque quería conocer el mundo.
—Ya decía yo, solo por cosas así se realizan locuras, locuras de juventud…
El vehículo se detuvo después de tres horas de recorrido, al lado de una garita de peaje, el tipo me informó que se detendría a descansar —Llevo varías horas conduciendo y el cuerpo se resiente, acomódate, dormiremos aquí—, me acurruqué como mejor pude, para amenizar el descanso dejaron la radio encendida, en algún momento de la madrugada comenzó a sonar una canción, era esa de la que me habían hablado, lo supe porque el dj dijo el nombre, la verdad, no sé por qué se puso de moda, me la imaginaba diferente, esperaba algo más, el sueño me venció, me dormí.
Desperté pronto, era de mañana, cogí una de las camisetas que llevaba en la mochila, limpié el parabrisas, a causa del polvo estaba sucio, también limpié el capó, las puertas, el techo, el maletero. Cuando se despertaron el viaje continuó. Sin contratiempos me dejaron en mi destino, nos despedimos, les hice ver lo agradecido que estaba.
– ¿Llevas mucho tiempo aquí?
– No, llegué hace solo un momento.
– Qué bueno, pensé que ya no te encontraría.

Mitchel Ríos