Creatividad

En algún lugar

La ciudad tenía un olor a libro usado, de esos que compras en las tiendas de segunda mano.
Era su primera vez por esos lares, pero sentía que la conocía de toda una vida, la tenía asentada en su imaginario, como una huella indeleble en la piel.
Al llegar sintió el temor de estar en un nuevo lugar, un escalofrío le hizo sobresaltar ¿y sí este espacio no era tan mágico como siempre imaginó?, era una de las dudas que lo aquejaba, implícitamente se encontraba en lo más profundo de su pensamiento.
Tras cruzar el segundo puente, luego de una larga caminata, decidimos sentarnos en el primer lugar que encontráramos. El sol arreciaba y cada vez se sentía más fuerte, lamentablemente era difícil ir por la sombra, ya que debido a la hora era imposible encontrarla, las construcciones que bordeaban el río estaban dispuestas de tal modo que no era posible apaciguar el calor que se apoderaba de nuestros cuerpos.
Aunque no quisiéramos exteriorizarlo se notaba en nuestros rostros el sudor, en ese momento lamentamos no haber cogido el metro y optar por una trayectoria más sana, ir a pie.
No nos caracterizábamos por hacer deporte, por eso nos propusimos hacer algo distinto, diferente, que se saliera de nuestra normalidad, aunque siempre discutíamos sobre lo que era normal o no, nunca nos poníamos de acuerdo, pero llegamos a un acuerdo, mantendríamos nuestro ideario, no nos juzgaríamos y evitaríamos disputas que no venían a cuento, ya que solo nos desgastaban y nos hacían perder tiempo, uno valioso que era mejor dedicarlo para nosotros.
Muchas veces le comentaron lo que se sentiría transitar por sus calles, era un lugar único, en dónde, en algún tiempo, transitaron grandes luminarias de las letras, era una experiencia que enriquecería su modo de ver al mundo.
No planificamos nada, todo iría surgiendo, nos dijimos que nos perderíamos, emulando a ciertos personajes literarios, porque intentábamos que este viaje fuera especial, tras muchos intentos, por fin pudimos realizarlo, no queríamos pensar demasiado, nos dejaríamos llevar por las circunstancias.
Esperaba que al iniciar su recorrido pudiera empaparse de la genialidad que se percibía.
Cada uno por su lado, deambularían en libertad, se perderían para encontrarse, ambos bosquejaron una sonrisa, se sentían personajes de una obra literaria, su obra literaria.
No tenía muy claro como empezar, ¿se decantaría por dejarse llevar por un guía o iría por libre?, esto lo hacía dudar.
Desde ese momento comenzaron a tomarse el viaje como un cuento, uno en el que ambos eran los personajes principales, dividido en capítulos, ¿cómo lo empezarían?, luego de deliberar llegaron a la conclusión que mejor lo decidirían en el hotel. Calmados y duchados tendrían el pensamiento más claro –se dijeron.
No contaba con demasiado dinero para hacer ostentación de ingresos, tendría que ir midiéndose.
Entrarían al primer lugar, sin pensárselo, y pedirían unas cervezas, también una botella de agua, luego, solicitarían la carta y verían algo para comer.
Cuando notó que todos los carteles estaban en otro idioma y escuchaba palabras que no entendía, pensó en lo lejos que había llegado, llevado por la idea de que, entre más alejado de su mundo estuviera, podría conseguir material para escribir.
No ingresaron en el primer sitio que encontraron, tampoco en el segundo, entraron en uno que tenía una terraza cómoda, se sentaron y fueron atendidos, se les acercó un camarero que les pareció un personaje salido de una de las series que seguían.
Cuando se acercaba a dejarles el pedido un papel salió volando de su bandeja, el viento le había jugado una mala pasada, tuvo que ir tras él, haciendo malabares para no hacer caer lo que llevaba en manos. Fue una escena risible, pero no hicieron ningún gesto.
Se embarcó en el sendero de ir a por lo desconocido, en busca de ideas, debido a que sintió que era necesario salir de su espacio común, en busca de una aventura y qué mejor en un sitio tan alejado, en donde no habría nadie que castrara su creatividad.
Se sintieron a gusto mientras disfrutaban de las bebidas, era un momento agradable, hubieran dado todo por detener el tiempo, por vivir eternamente esa misma escena, sentados los dos como si no hubiera nada más en el mundo.
El sudor era insoportable, ir bajo ese sol hacía que el paseo no fuera agradable, espero que no te desmalles -dijo ella-, no pienso hacerlo, pierde cuidado -fue la respuesta.
Nos dijimos que entraríamos en el primer lugar, ya no aguantábamos más, estábamos bajo mínimos, sentimos que había sido un error no ir en coche, pero se nos metió el ir por libre, a nuestro aire, como una forma de demostrar que nos podíamos menear sin depender de nadie.
Sin tener claro qué hacer, comenzó a deambular, ese día intentaría acostumbrarse a la ciudad, imitaría sus costumbres, trataría de pasar desapercibido, se mimetizaría con el ambiente.
No calculamos el alcance de la decisión de ir caminando, si lo hubiéramos sabido tal vez hubiéramos elegido alguna otra opción, una menos traumática, ¿acaso las historias no se podían escribir de forma libre?, no era necesario que estuvieran ceñidas a un determinado marco, podíamos jugar con las distintas posibilidades.
De improviso el tiempo cambió y ya no era agradable estar en la terraza, cambiaron de lugar y se ubicaron en una zona cubierta por un cristal, sonrieron, pensaron que aquello sería una señal, una buena señal –se recalcaron-.
El clima no era el mejor, comenzó a llover, en ese momento sintió que era malo, así como estaba, en la calle con sus cosas a cuestas, tendría que apurarse para no llegar mojado a su alojamiento.
Podía ser una representación de su suerte -se dijeron-, se quedaron en silencio, el tiempo se detuvo.
Pasó por una zona que tenía muchos restaurantes y de reojo miró como una pareja sonreía, eran jóvenes, por momento guardaban silencio, uno cómplice, se decían muchas cosas con la mirada, así como con los gestos, cuando vio esa imagen resguardada por un cristal, pensó en escribir aquel momento, dándole toques especiales, no obstante, él sería el acompañante, así sería mejor su historia, la contaría en primera persona para hacerla más íntima, más cercana, más suya.