Creatividad

Dos

Aún seguimos un buen rato con la misma discusión, no solíamos ponernos de acuerdo, cada uno iba por libre, en ese aspecto, tú veías el vaso medio lleno y yo medio vacío. Era verdad, de los dos, tú siempre fuiste el más positivo, por llamarlo así, yo, sin embargo, miraba todo por el lado malo, me venía bien ponerme en el peor de los escenarios, era mi estrategia, mi estilo para sobrevivir, nada más.
Mientras recorríamos el camino te fijabas en el alumbrado de esta época, te parecía un gasto excesivo, una forma de desviar fondos, siempre argüías que, con toda esa pomposidad, se inflaban más las facturas y se aligeraban las arcas públicas, yo, en el afán de levantarte el ánimo, respondía que era para mantener el espíritu de esos días.
—Si tuviéramos hijos, quizás nos sentiríamos de otro modo.
—Solo los tontos (desde mi forma de pensar y aplicado a mí) piensan en reproducirse.
—No solo los tontos, sino también aquellos que quieren dejar un legado.
—El mundo está sobrepoblado, traer más habitantes sería un despropósito, mi deber es hacer que este lugar sea más habitable.
—Creo que ese argumentario lo usas por nuestras circunstancias, si estuviéramos en otras…
—Ni en esas ni en otras, simplemente es lo que pienso, tal cual, ni más, ni menos.
Cuando se te metía una idea entre ceja y ceja era complicado sacártela, varias veces intenté, en vano, interceder entre tus alter egos, era eso, parecías dos personas en una, cuando estabas de buen humor, todo era felicidad, nos reíamos, sin embargo, ese lado oscuro jodía todo lo bueno.
—Enamórate de mi lado oscuro, de lo cabrón que puedo llegar a ser, porque de mi parte buena, dulce, agradable, todos se enamoran —Una excusa más para justificar tus cambios de humor.
Cuando, en una oportunidad, te dije que sería bueno ir a un psiquiatra, te lo tomaste por el lado que no debías, no dijiste nada, simplemente te quedaste callado, eso era lo peor de todo, no decías nada y era difícil predecir tu siguiente paso, con los berrinches sabía lidiar; con tu silencio, era otra la historia. Esa sensación de estar haciendo mal las cosas no se la recomiendo a nadie, le dabas la vuelta a la tortilla, debería estar enojado, pero estaba pidiendo disculpas, por nada, no obstante, una fuerza rara me decía que todo lo malo era por mi causa, algunos le llaman poco amor propio, puede ser.
No te divertía nada, tus ilusiones eran fugaces, a veces no sabía si sonreías o era una expresión sarcástica, no me quedaba claro, pero quería sobrellevar ese momento, no decir nada, dejarte a tu bola, sin más.
Vivíamos en una especie de simbiosis, dependíamos el uno del otro, buscábamos enfocar nuestras razones en cada uno, a veces lo conseguíamos, otras no, pero era debido a lo que esperábamos, no porque fuéramos unos ilusos.
—Como siempre, en el peor de los escenarios.
—Es una buena opción.
—Con respecto a nosotros, ¿también lo haces?
—Lo intento, pero se me hace difícil prever, nuestras interacciones son extrañas ¿no las sientes?
—No iba por ahí mi duda.
—Te pones en el peor de nuestros escenarios.
—No, quizás este sea el peor… no lo sé.
—¿Escuchas?
—No escucho nada…
—Nuestra canción.
Crecimos en una década de pesimismo, se nos hizo creer que no valíamos para nada. La culpa de todo la tuvieron nuestras autoridades, con sus medidas antidemocráticas y, aunque no quisiéramos, nos dejó una huella difícil de borrar, se anidó en nuestras ideas; de vez en cuando las sacábamos. Algunos nos volvimos amargados, otros, lograron llevarlo mejor. Los aires nuevos duraron poco, en ese proceso vislumbramos que el resto de nuestras vidas sería así, nuestro deber sería evitar que eso les pasara a las nuevas generaciones (nuevas generaciones, hablando de este modo sueno a una persona mayor, no quería sonar de ningún modo). Intentaba dejar grabado todo lo que nos causó ese proceso mal llevado. Nuestro gran hermano nunca veló por nuestro bienestar, esa era la parte escabrosa, saber que en un punto alguien predijo el futuro, pero nadie le hizo caso.
—No sabía que tuviéramos una.
—La tenemos, pero tú no te enteras.
—Tal vez esa vez viví demasiado.
—¿Viví?
—Bebí, error de pronunciación.
—No estabas en ese estado, por lo menos no se te notaba.
—Siempre he sido bueno para aparentar estar bien.
—A esto me refería, a veces, me parece que estamos en diferentes ondas.
—Es solo cuestión de que te muevas un poco y la pillarás.
—La broma tonta en el momento inadecuado.
—No soy tan listo como tú.
—Lo estoy comenzando a confirmar.
Caminábamos, la aguanieve caía, cubría mi cazadora y la mochila; no importaba, era mejor estar a tu lado, así me congelara llevaría a buen puerto la empresa, no me desilusionaba, no dejaba que sucediera eso, te miraba y me sentía mejor, ¿por qué no serías así siempre?, no encontraba respuesta a esta pregunta, ni a otras tantas. Después de un trecho, cogí la mochila y tuve que deshacerme del hielo, no quería que empapara mis pertenencias, no quería que se estropearan mis libros ni mi ordenador, pero eso a ti no te importaba, estabas sumido en tus ficciones, desde tu perspectiva, yo era el pesimista y tú el positivo, sin embargo, mi percepción era diferente, en especial por ese método de ponerse en el peor de los escenarios, era tu método, no podía decir nada, quizás si lo patentabas…
Las luces eran insoportables, colocadas en lugares inapropiados, por eso me parecía un despropósito, no estaba de acuerdo, esperaba algo más, que todo estuviera dispuesto de otro modo, tú me achacabas esa falta de espíritu, buscabas excusas para enfadarte. No podías controlar tu forma de ser.

Mitchel Ríos