Creatividad

Discurso feliz

No se veía haciendo ese trabajo, fue muy claro cuando se lo propusieron.
Estaba pasando una mala racha, era como si un problema atrajera otro, años atrás la realidad era diferente, todo iba sobre ruedas, un ascenso, nuevos proyectos, pero todo cambió, fue en una conversación cualquiera en la que todo se estropeó.
Hablaba con alguien sobre un tema baladí, desde su perspectiva, importante, desde la de su interlocutor, recordaba claramente las palabras, era un ultimátum, o cambiaba su forma de ser o todo se iba al carajo. Esto lo descolocó, pensaba que todo estaba yendo bien, que su nueva actitud hacia la vida era la adecuada, estaba poniendo de su parte para que todo fuera mejor, sin embargo, al parecer, era insuficiente.
¿En qué momento su esfuerzo comenzó a saber a poco?, él reconocía que durante un tiempo su modo de ser no fue el apropiado, esto se debía, tal vez, a la inexperiencia, eran demasiados factores que se salían de sus manos, aunque casi siempre le recalcaban que todo dependía de él.
Tras aquella charla no supo cómo reaccionar, entre líneas le dijeron que no valía la pena su cambio. Le jodió, su esfuerzo no era valorado, las palabras indicaron que había sido uno más, alguien que llenó un hueco en la vida de otra persona que, como alguna vez le dijeron, buscaba cualquier pretexto para terminar.
Solo llenó un hueco, un momento en la vida de alguien, que tras no servirle lo dejaría y lo mandaría a tomar por saco, quizás servía para eso, era el tipo adecuado para las relaciones pasajeras, ¿qué necesidad había de hacerle creer algo que no era?
Cuando empezó se dijo que actuaría de un modo distinto al de siempre. Debería ser otro, salirse de sus esquemas, por eso dejó de lado sus exigencias tontas.
Este hecho le quitó su estabilidad emocional, —algo fundamental para él—, ante esto calló… no era necesario decirlo, los cambios eran visibles. No era el de antes y su entorno comenzó a percibirlo, si aquellos que no lo conocían, lo vieran en ese momento, dirían que era un ser triste o amargado, pero estarían alejados de la realidad, era una mala época, solo eso.
Había días en el que no se podía sacar de la cabeza la idea de haber sido uno más, esto lo atormentaba, ¿qué tenía que hacer para ser considerado alguien importante?
Para levantar su ánimo decidió asistir a charlas de motivación, en ellas casi siempre los ponentes eran tipos que le hacían creer que era capaz de hacer todo lo que se propusiera, es más, afirmaban, que el fin de la vida era ser feliz, que todo estaba en él, solo él podría sacar la fuerza que tenía escondida en su interior. Además, añadían, basándose en estudios que distaban mucho de ser serios, que las ciencias que estudiaban el comportamiento del hombre eran pesimistas, solo se centraban en ver lo malo y no en todas las posibilidades que había para ser feliz. La palabra feliz estaba por todas partes, bastaba con ir en busca de la felicidad, ni más ni menos, ella estaba ahí, aunque no se viera, por lo tanto, si esto sucedía era necesario cambiar de actitud, cambiar de perspectiva.
El tipo que exponía todo esto, por momentos parecía que se regodeaba en llamar tontos a los presentes, por supuesto, él era el mal listo, por eso estaba ahí delante, hablando y los garrulos escuchando.
Por más que necesitaba palabras de ánimo se dio cuenta de que no valía la pena dejarse llevar por los discursos motivadores, estos se basaban en humo que trataban de levantarte el ánimo, antes de seguir perdiendo el tiempo, los dejó. Tras meditarlo, llegó a la conclusión de que estos no servían para nada, eran discursos engañabobos que solo buscaban recaudar pasta, llenar los bolsillos del mercachifle que ostentaba la felicidad en sus palabras y, como le sobraba, la compartía con sus oyentes, eso sí, previo pago.
Y así, fue cayendo más, no encontraba ningún medio para reconfortarse, incluso alguien le aconsejó que se pusiera en manos de un especialista, pero descartó está opción, un loquero no entraba en sus planes. También le recomendaron que, para salir de ese trance, conversara con alguien con el que tuviera confianza, sin embargo, era un descreído de estos temas.
De repente, un día alguien lo llamó, en cierto modo esta llamada lo sacó de su letargo, de su auto alejamiento, de su exclusión social. Se le presentaba una nueva oportunidad laboral, del otro lado le dijeron que no había ningún compromiso, podía escuchar la oferta y si le parecía buena, llegarían a un acuerdo. Mecánicamente dijo que sí, que no había problema, sin embargo, no tenía la certeza de lo que implicaba esa oportunidad.
A pesar de sus dudas, pensó que sería una buena forma de salir del hoyo y levantar cabeza, se presentó y conversó con quien le había llamado, este le explicó de que se trataba.
Tras escuchar lo que le ofrecía, reflexionó para sí mismo que no se veía realizando esa actividad, no dijo nada, salió de ahí, mientras se dirigía a su casa, le daba vueltas al tema, quizás no vendría mal dar un giro, hacer algo que nunca se había planteado, saldría de su monotonía: igual no todo estaba tan mal…