Creatividad

Dinero imaginario

Estaban a la vanguardia de las nuevas modalidades bursátiles, se harían de oro.
Sí hubiera vivido en la época de los tulipanes, hubiera invertido en ellos, siendo lo suficientemente listo como para revenderlos, sin esperar un margen demasiado alto de ganancias, no era avaricioso.
Su afán por invertir le surgió gracias a la influencia de un grupo de visionarios que le hicieron tomar consciencia del modo banal en el que despilfarraba su pasta. Le hicieron ver que tenía talento y podía enforcarse en algo más productivo, algo con réditos, una actividad que no requiriera demasiado tiempo, ni mucha inversión.
Cuando sintió que le había cogido el truco a ese mundillo fue por libre, nadie podría decirle si estaba bien o mal, solo estaba convencido de que haciendo caso a su sentido común todo le iría bien. Estaba preparado para competir a todos los niveles, solo debía ser cauteloso y rápido de mente.
También entendió que debía rodearse con más emprendedores, por eso frecuentaba canales especializados con la idea de encontrar gente con sus mismas inquietudes.
—Nunca he visto tal rendimiento, ni cuando vivía de las apuestas. Por primera vez siento que mi inversión es segura —afirmaba un tipo, en uno de los sitios a los que concurría.
Parecía sincero en sus palabras, se ofreció a dar las señales por un precio simbólico, si les interesaba podían cogerlas y aplicarlas. Tendrían ventaja.
Se caracterizaba por ser positivo, siempre alentaba a todos, motivaba a sus colegas para que no se desanimaran.
Cuando vio todas las posibilidades, se creó una cuenta, todo se hacía desde el ordenador, parecía fácil. Se semejaba a un juego, cogía una cantidad x de dinero e invertía simplemente haciendo clic. Pero en ese juego, en ocasiones, se perdía dinero, en lo virtual también había especuladores.
El asesor, que compartía su experiencia y no empujaba a nadie a lanzarse al vacío económico, informó que no todo estaba perdido, como eran un grupo inteligente les daría liquidez para seguir invirtiendo, él velaba por su gente y esa era una forma de demostrarlo, para esto, les indicó que era necesario invitar a más gente, si era posible, de confianza —recalcó.
—Imaginad que os propongo llegar a unos objetivos y si los alcanzáis, no pagaréis nada, yo me encargaría de todo.
El grupo al escuchar esto se alegró, la pena pasó a un segundo plano.
La promesa de aquel tipo demostraba su desprendimiento por las cosas materiales, pensaba en el bien común y no en el propio, eso era de admirar, era un líder, cualquier otro se desentendería y no estaría ahí ofreciéndoles una segunda oportunidad.
Todos consideraban la propuesta como la mejor opción posible, porqué una vez que se recuperaran, les sería factible devolver el gran favor.
Así multiplicarían su número, seguirían disfrutando de las bondades del guía, bastaría con explicar los entresijos del proyecto.
La gran mayoría de los asistentes aplaudió, esa promesa les permitiría tener un poco de tranquilidad, a pesar de las deudas intentarían salir a flote, confiaban en dar el campanazo y ser exitosos o, por lo menos, llegar al nivel del buen samaritano que tenían delante.
Con ese gesto los convenció del valor de comprometerse con la causa. Quizás, si empezaban de nuevo el proceso, podrían retomar posiciones expectantes, solo era necesario seguir invirtiendo e invitando a más gente, algo muy sencillo.