Creatividad

De paso

Llamó a la puerta (una vez más), las dudas del momento se hicieron patentes. Se preocupó, quizás en esta oportunidad se le caería el circo. Intentó guardar la compostura, calló, miró la pared, si no conseguía que le abrieran la puerta, se iría, no sabía a dónde. Quizá partiría hacia nuevos rumbos, dejaría todo. Era mejor alejarse cuando eres bien recibido en un sitio —pensó—, buscaría un nuevo espacio, uno en el que sería bienvenido. Volvería a tocar, intentaría que le abrieran una vez más, ese sería el límite.
Reían y hacían demasiado ruido en la sala. El ambiente se notaba perturbado. Trataba de estar centrada, o por lo menos lo intentaba, solo buscaba entretenerse, a pesar de los factores externos que se lo ponían complicado.
—Parecen unos memos riendo.
—Tú mira la peli y no te desconcentres.
Cuando estaban en situaciones tensas se escuchaban aún más.
—No prestes atención, mira hacia adelante.
No podía entender cómo era posible que se rieran en momentos serios, de cualquier tontería.
—Eso es lo que tiene venir a estos lugares, no se puede disfrutar nada.
No podía negar que en pantalla grande se veían mejor las películas.
—Deja de farfullar, me estás comenzando a incomodar.
Las risas se intercalaban con el sonido de los que comían, por momentos se hacía insoportable.
—Son gilipollas.
Prefería el movimiento, actuar, no pensar, darles vueltas a las cosas le dejaba mal. La quietud y sus pensamientos eran una mala mezcla, solo conseguían hacerle pasar malos momentos. Salir, deambular, centrarse en asuntos distintos le permitían pasar página, distanciarse.
La hora golfa, ¿quién la habría inventado?, poco a poco se hizo un asiduo, a su parecer era la mejor hora, cuando se aburría podía dormir. Para ese fin se ubicaba en las últimas butacas del cine y, en cierto modo, no molestar a nadie.
Esta situación era momentánea, estaba pasando una mala temporada, cuando saliera de ella, se reiría, podría convertirse en un lapsus, es curioso —se decía—, cómo uno va tomando ciertas decisiones y cada una de ellas van perfilando el devenir de lo que se vive. El único modo de salir era tirando para adelante, tenía el presentimiento de que todo se solucionaría.
Se inscribía en todas las oportunidades de trabajo que se le presentaban. Algunas permitían participar de una jornada de conocimiento de la actividad, si le gustaba podía seguir con el curro y si no, no pasaba nada, no estaba obligada a regresar. Durante las charlas trataba de quedar bien con todos, por un momento dejaba de lado la mochila cargada de malos rollos, era mejor así, prefería que la conocieran por esa forma de ser y no por otra en la que sintieran lástima por su situación, eso no le gustaba, guardaba silencio, era mejor pasar de forma desapercibida, callar y dejar que los de su alrededor hablaran, era muy cuidadosa en ese aspecto, controlaba sus palabras.
Durante una época trabajó como acomodadora de cine, eso le permitió conocer gente que, a la postre, le echaba una mano. La labor fue temporal, sin embargo, su forma de ser y la buena disposición que tenía para ayudar a los demás le sirvió para hacer amistades.
Cada cierto tiempo se escuchaba una carcajada, era un sonido impertinente. No era posible que se riera por chorradas, pero no podía decir nada, si se levantaba y le hacía ver la forma en la que incomodaba al resto, podía ser tomado de una manera que no venía a cuento, podría iniciarse una discusión, —de las chungas—, ocasionando que se perdiera lo que estaba viendo.
—Deja de poner esa cara.
—No pongo ninguna.
A pesar de tener todo controlado y de contar con la disposición para salir del hoyo, había momentos en los que estaba, en cuestión de motivación, bajo mínimos. No era posible encontrarle salida a todo, pero, consideraba que no podrían ir peor las cosas, no obstante, alguien le dijo que las cosas siempre pueden ir a peor, esperaba que no fuera así, porque no sabría cómo salir, se podía poner en distintas situaciones, pero se le hacía imposible imaginar una peor.
Se comenzó a hacer el silencio, no dejaban de comer en el local, ese ruido se le hacía más molesto que el de la risa, tendría que enfocarse, aprender a hacerlo sobre la marcha para poder disfrutar lo que tenía delante.
El ruido era itinerante, empezaba en un lugar y se contagiaba a otro, asimismo, había personas que se ponían de pie una y otra vez, pasando por delante de la pantalla.
Dejaban que durmiera ahí y se aseara en los servicios, luego salía, nadie sabía a donde se dirigía, pero comenzó a convertirse en una especie de rito, llegaba, se iba a los últimos lugares y dormía.
Ese día no fue distinta la metodología, le invitaron a desayunar, se presentó, tenía la idea de no quedarse en el trabajo, por eso solo escuchaba, cuando hubiera terminado el día, diría alguna mentira, un pretexto que le permitiera irse, nunca se dieron cuenta, como había cientos de ofertas del mismo tipo, se le solucionaba todo.
A lo tonto podía conocer gente de todo tipo, no les daba conversación, ese instante le permitía evadirse.
Desconocía la razón, no le abrían la puerta, el día anterior pudo hacerlo sin problemas, pero las cosas cambian, la forma en la que nos miran los demás es distinta, nos volvemos innecesarios con el paso del tiempo. Al final, debería irse.

Mitchel Ríos