Creatividad

Crítica sumaria

Se detuvo en un escrito, por enésima vez, en ese día, repitió su método de todas las jornadas. Comenzó a analizarlo, se centró en la forma, luego en el fondo, más adelante, se enfocó en minucias, de tal modo que, tras concluir su escudriñamiento, si se sentía conforme, escribía un comentario o, simplemente, dejaba un me gusta.
Esta acción no le resultaba sencilla, si para otros era un ejercicio baladí, impulsivo o, en su defecto, por quedar bien, en él era algo más serio.
Podía pasarse varios minutos meditando para dar clic en el ícono del pulgar hacia arriba. Seguía un rito, adquirido con el paso de los años, desde que comenzó a adentrarse en la lectura en los entornos virtuales.
Al inicio no era así, pensaba que esos reductos eran idénticos a los medios de comunicación tradicionales, en los cuales no se podía opinar, solo ser un lector pasivo y conformarse con recibir la información que proporcionaba, sin embargo, cuando fue descubriendo todas las bondades de las nuevas plataformas, su perspectiva fue cambiando, se percató de que era posible hacerse oír en tiempo real, no era necesario enviar una carta al editor del periódico.
Ahora solo bastaba con escribir y publicar su opinión, con esto evitaba el camino tortuoso de enviar una misiva que no daba la seguridad de ser leída, de repente era tirada a la basura como otras tantas.
Durante largo tiempo solo se centró en dejar su opinión en las noticias de interés. Sentía una libertad única, entraba, se identificaba y procedía a informarse, al concluir la lectura, con una idea más o menos formada, procedía a dejar su parecer. En ocasiones su criterio era respaldado por otros lectores, esto le hacía sentir que tenía juicios certeros, pero no siempre era así, cuando no estaba de acuerdo con un tema, era claro y, la mayoría de las veces, hacía uso de todos los caracteres permitidos, en esos momentos era preciso, aunque en el proceso disgustara a los encargados de controlar el buen discurrir del tráfico de usuarios.
Decir la verdad y hacer ver los errores a quien proporcionaba la información no estaba bien visto, de esto se dio cuenta el día que, orgulloso de una de sus ideas vertidas, ingresó en una de las páginas de las que era asiduo y se fue de cara con la realidad, su discurso había sido suprimido, en su lugar aparecía una leyenda que decía: comentario borrado por el moderador; al leer esto se sintió frustrado, pues juzgaba mellada su libertad de expresión.
De este modo cayó en la cuenta de que había márgenes infranqueables, no podía tomarse ciertas licencias, tenía que regirse por las normas, normas que no estaban sujetas a críticas, eran las que eran y punto.
En estos entornos tenía línea directa con los encargados de los medios, nadie lo podía negar, pero era un arma de doble filo, debido a que condenaban sin pudor, si no pasabas por el aro, te enfrentabas a una serie de problemas y si alguien se quejaba era peor. Alegar inocencia era en vano, si estabas marcado, tu palabra no tenía valor, la celeridad con la que actuaban, inquietaba, para ellos la forma de impartir justicia eran los juicios sumarios, no había marcha atrás.
Lo que a él le pasó fue algo leve, había casos en los que se baneaba la cuenta del infractor, impidiéndole intervenir en las discusiones, de tal modo que lo dejaban en un papel secundario, de mero lector, sin el poder de hacerse escuchar, aunque encontraran artículos fuera de lugar, tendenciosos y manipuladores.
Al sufrir esta censura, decidió buscar otros frentes para escribir sus comentarios. No tardó mucho en encontrar otro nicho, en las redes sociales había cientos, sino miles, de escritos esperando ser criticados.
Con la experiencia previa, se movía con más cuidado, trataba de ser claro, pero sin caer en la tontería de infringir las normas de los sitios en los que exponía sus argumentos. Así fue teniendo más acogida, en especial cuando el autor del texto lo contactaba para intercambiar pareceres, esto último hizo crecer su ego, se le daba bien hacerlo, y el que diera un me gusta era tomado en cuenta.
Comprendió que sus interpretaciones eran recibidas de buen modo. Por las constantes conversaciones coligió que servían de apoyo para quien creaba las entradas, de igual modo podían cambiar el destino de las mismas, el ser olvidadas o que destacaran. A fuerza de escribir muchas críticas, se hizo notar, llegando a obtener la denominación de creador de contenidos, su labor, la de coger creaciones ajenas y auscultarlas, estaba dando frutos.
En ocasiones, algunos escribidores se ponían en contacto con él, querían un juicio antes de publicar sus creaturas, ante esto su modo de intervenir era distinto, daba juicios más crudos, sonando incluso desproporcionados, que implicaban el cambio de una redacción.
Conforme fue sumando el número de opiniones vertidas en esos entornos los algoritmos daban mayor visibilidad a esas producciones, por eso se tomaba un tiempo prudente en dar un me gusta, ya que esta era su marca de calidad. Asimismo, que un texto ostentara este juicio de su parte, demostraba la validez del que lo había redactado, su firma representada en ese ícono de la mano, daba fe de su relevancia, de tal modo que no se podía tomar como un simple entretenimiento, su prestigio estaba en juego cada vez que figuraba su nombre en la lista de los que habían reaccionado ante él.
Concluyó su rito con el texto que tenía en pantalla, dejó un comentario y legó su sello, tras meditar un momento fue a por otro escrito, sabía a donde apuntar, lo seleccionaba y le aplicaba su procedimiento, con este acto hacía que la Red tuviera contenido sustancial.