Creatividad

Buscando un chollo

Salir a comerciar en esa temporada era una quimera. La gente por esa época abandonaba la ciudad, se iban a descansar, recobrar energías y, según decían, volver con más fuerza para continuar con sus trabajos.
A él igual le vendría bien hacer lo mismo, ya que se sentía asfixiado, hastiado, aburrido de ver siempre el mismo paisaje.
Necesitaba abstraerse, olvidarse de todos los sinsabores que ocasionaba vivir por los alrededores, probar que tal era eso de recobrar energías. Para poder hacerlo era necesario ahorrar, todo consistía en guardar una parte de sus ingresos durante varios meses. Permitiéndoselo saldría de la rutina, cambiaría de aires.
Si quería juntar dinero tendría que medirse en los gastos, dejar las cañas y los caprichos.
Se puso a indagar sobre el tema, buscó destinos, billetes de avión y alojamiento, pero comprendió que este era un mundo aparte.
Tenía sus propias particularidades e información ingente. Había cientos, miles de empresas enfocadas en ese campo, no sabía cuál puerta tocar. Algunos colegas le recomendaron ponerse en manos de especialistas, gente preparada en el campo turístico, estos lo asesorarían y le darían las indicaciones necesarias, incluso uno le proporcionó la tarjeta de una agencia, él solía utilizar sus servicios, por lo general le proporcionaban buenas ofertas.
No esperó mucho tiempo para ir a la agencia recomendada. La primera pregunta que salió en aquella visita fue la del presupuesto: ¿con cuánto dinero contaba?, pues de acuerdo a ello se podían elegir las opciones, no es lo mismo tener uno de…, que uno más alto, no obstante, le explicaron que era mejor reservar los billetes y hospedaje con varios meses de anticipación, de ese modo se conseguían buenos precios. Cuando se decidiera —añadieron— estaban dispuestos a hacerle las gestiones necesarias. Tras aquella charla se comprometió a delegarles la planificación de su viaje.
Se puso manos a la obra, juntaría todo lo que le fuera posible, si era necesario dedicaría más horas al trabajo. Ser su propio jefe tenía sus beneficios podía decidir qué hacer o no.
No era fácil colocar sus productos, pero invirtiendo horas extras le fue posible sumar pasta para su causa. Si antes recorría una determinada zona, ahora se desplazaba por dos o tres, esto dependiendo del día y, también, de la viabilidad de hacerlo. Había jornadas en las que tenía que conformarse con callejear por un solo sitio. Y así logró juntar unos cuantos euros.
Ahora tenía unos ahorros que, cambiándolo a un lenguaje más especial, representaban su presupuesto, es así que podía ir a la agencia y elegir un destino vacacional.
La agencia de turismo lo puso en manos de uno de sus asesores, este le dio varias alternativas, sin embargo, en confianza, le recomendó un lugar en particular. Le comentó que era cómodo moverse por ahí y casi todos sus emplazamientos turísticos se visitaban a pie, si en otros destinos era necesario coger transporte, aquí no, de tal modo que el gasto era mínimo. Solo tendría que reunir unos documentos para presentarlos junto con el pasaporte. Después de recibir esta información expresó que se lo pensaría, volvería en unos días.
Aquí le surgió un problema, no contaba con un pasaporte, nunca lo tramitó, no pensó que fuera necesario. Sin saber qué pasos seguir para obtenerlo, comenzó a dar palos de ciego. Como no sabía qué hacer le recomendaron que solicitara información contactando con un número habilitado por el ministerio responsable. Llamó con más dudas que certezas, la situación le parecía difícil, sin embargo, lo atendió una muchacha que le indicó de manera precisa los pasos a seguir, solo tenía que sacar, lo expedían el mismo día, no era difícil. En efecto, fue simple obtener el documento, le tomaron las huellas digitales, le solicitaron una foto y tras diez minutos de espera, se lo otorgaron.
Volvió a la agencia y se decantó por el lugar recomendado. Reservó todo con varios meses de anticipación como le habían indicado, se guio por la opinión del asesor. Salió de ahí con los comprobantes de la compra y con la seguridad de que en unos meses estaría conociendo nuevos lares.
Volvió a sus labores como de costumbre, contaba los días que faltaban, serían sus primeras vacaciones y esto lo tendría que disfrutar.
Pero cuando faltaba un mes, el país al que tenía pensado viajar, hizo cambios en sus políticas de turismo, ahora exigían más documentos y conforme le informaron, por medio de un mail, estos demoraban, debido a que se solicitaban con cita previa en su consulado y estas escaseaban. En treinta días le sería improbable conseguirlos.
Se acercó a la agencia de viajes y preguntó si habría la posibilidad de cambiar de destino, sin embargo, la respuesta no fue la que esperaba, le dijeron textualmente que ese tema se salía de sus manos, al ser todo con precios en oferta no era posible.
Esto le sentó fatal, ¿había perdido su dinero?, el asesor le dijo que en el papel sí, pero que haría todo lo que estuviera en sus manos para que se lo devolvieran todo o por lo menos una parte de su inversión.
Regresó a su casa desencajado, lamentando su mala suerte.
Con las vacaciones truncadas siguió con su rutina, lo de planificar se lo dejaría a quienes tenían los medios suficientes, él tendría que hacerlo como mucho con una semana de anticipación, aunque pensándolo bien, era demasiado tiempo, mejor con dos o tres días y olvidarse de ir a otro país, visitar algún pueblo, así sería improbable que se le jodieran. Mientras tanto ese día eligió hacer una zona diferente, esperaba tener más clientes, aunque en el proceso tuviera problemas con los vendedores del lugar.