Creatividad

Apatía

Durante los últimos días el rostro de la ciudad le resultaba diferente, quizás los cambios constantes, las últimas situaciones que se venían dando, las noticias poco halagüeñas, eran el acicate para pensar en lo peor. En cualquier momento el sistema se iría al carajo, los especialistas estaban de acuerdo en esta afirmación, no se podía sostener, sus enemigos habían conseguido lo que ansiaban, minarlo y ver como se resquebrajaba.
Estas informaciones se veían en titulares alarmantes, sin embargo, no se observaba una reacción como tal, probablemente, los ciudadanos estaban asustados, empapados por el miedo, esto era lo peor que podía suceder, pues al interiorizar este sentimiento, generalmente, perdían cualquier atisbo, voluntad, de levantarse.
Durante su recorrido habitual especulaba sobre el desenlace de todo lo que estaba sucediendo, era desmotivador ver el rostro de todos los que lo rodeaban, por momentos se convertían en un lastre que no lo dejaban avanzar.
Nadie tenía la seguridad de lo que ocurriría, esto era un signo de los tiempos crispados, trémulos.
La apatía se le impregnaba en la piel, era insoportable aguantar la actitud de todos aquellos con los que se cruzaba.
Los rostros demostraban descontento, influenciados por titulares rimbombantes, las opiniones estaban polarizadas, no había punto medio, no podías tener una opinión tibia, te obligaban a posicionarte, solo así, te dejaban tranquilo.
Se sentía asfixiado, intranquilo, había perdido la confianza en el otro, sin duda, el miedo comenzaba a adentrarse en él.
Ciertos hechos se repetían, el modo de manipular las historias que vertían en los medios, sin miramientos, sin pensar en lo que podía acontecer al falsear las cosas que estaban sucediendo, se rendían a las presiones monetarias, daba igual si en un inicio su intención no fue la de ser poco claros, sus acciones decían más de lo que querían ocultar, sin embargo, pocos eran los que se daban cuenta, no era del todo diáfana la percepción de las personas de a pie.
No podía ir sin mirar a todas partes, la suspicacia era una parte intrínseca de la forma de escudriñar su entorno.
El ambiente era tenso, las reacciones no correspondían con lo que sucedía, era como si se magnificaran a causa del contexto.
El recorrido de costumbre, sin nada novedoso, podía volverse extraño.
Las ideas que planteaban algunos voceros, se sustentaban en conspiraciones, teorías trasnochadas, verdades a medias, mas, a pesar de la incredulidad, había gente que seguía a pie juntilla los que decían esos iluminados.
La calle, los coches, la carretera, todo raro.
Daba la impresión de que era necesario creer en algo y ese algo era lo que estos le proporcionaban, la esperanza de que todo mejoraría, aunque esta no fuera real.
Era imposible vivir con el temor en el cuerpo, se convertía en una enfermedad que impedía realizar sus actividades, el cambio parecía superficial, pero era algo que procedía de dentro.
Sin embargo, todo esto no pasaba de una ilusión. Una ilusión hecha a la medida de los que la recibían.
Por un momento pensó en la posibilidad de que todo aquello en lo que no creía fuera verdad, se planteó que, en una eventualidad forzada, quizás no estaban equivocadas aquellas voces que avisaban de los peligros de las decisiones que se estaban tomando.
Se trataba de negar la necesidad existente, ocultar la cara real de la ciudad y mostrar siempre una faz sin máculas, aunque para ello se cercenaran derechos de los más desprotegidos, decir no hay problema, bastaba, por lo demás, los palmeros no insistían, se conformaban con las pueriles explicaciones.
Había tanta información contradictoria con la que era bombardeado que le surgió la idea de plantearse la posibilidad de que todo aquello que negaba fuera verdad, lo comentó con alguien y le hizo la pregunta ¿y sí…?
Supuestamente el líder dando su discurso, nunca se equivocaba, velaba por los derechos de quien lo había puesto ahí, como si se tratara de una solución que daría equilibrio al caos reinante.
¿Acaso los resultados no daban la impresión de que no servía de nada ir en contra de las ideas dominantes?, estaba seguro que como él había más gente que pensaba de otro modo, pero no se manifestaban.
Tendría la respuesta a todo y elevaría a niveles insospechados la calidad de vida, todos serían felices, el lugar sería un paraíso, en el que todos quisieran habitar.
A pesar de su reticencia a creer, quería tener la certeza de que no era el único que percibía de distinto modo los mensajes confusos del exterior.
Tal vez, por eso intentaban ocultar la cara real de la ciudad, se negaban a reconocer que no todo estaba yendo tan bien como sostenían, había muchas cosas que no funcionaban.
Por eso preguntó y sí, al final todo aquello era verdad, si las cosas que negaba estaban en lo correcto, si era imposible cambiar su curso.
Todo esto era obviado por quienes tenían que informar, callaban y parecía que todo era perfecto.
Sin percibirlo, a ciencia cierta, los medios estaban consiguiendo, en él, lo que se habían planteado desde el inicio, convencerlo, como a otros tantos, de que no había opción de cambiar nada, pues las cosas como estaban iban del modo correcto.
Ocultaban las verdades, se jactaban de su buena gestión.
Poco a poco calaba el mensaje en su cabeza, no podría hacer nada, al final sería uno más.
En las ruedas de prensa nadie le hacía preguntas incomodas, manejaban a su antojo el comportamiento de ese cuarto poder.
Un seguidor como otros tantos de las informaciones oficiales, ya no pondría en duda ninguna de las ideas falseadas.
Preguntas banales, sin sustancia.
La propaganda se le estaba metiendo en la médula.
Preguntas para quedar bien y creer que estaban haciendo un buen trabajo.
Tendría que poner de su parte, no dejarse vencer, dejar de lado la apatía y, también, el miedo.