Creatividad

Anónimo

Se fijó en una de las paredes y pudo leer un texto, su extensión no era demasiado larga, exagerando, podría llenar una cuartilla. No tenía la certeza de quien o quienes se encargaban de adornar los muros de las calles. Si era por motivación del ayuntamiento le parecía una buena iniciativa, pero esta primera impresión fue desechada al ver como varios eran arrancados por los encargados de hacer la limpieza e iban a parar a la papelera.
Así obraba el espíritu mundano ante la expresión artística —pensó—, era una buena metáfora, el mundo no quiere escritos, el mundo quiere dinero, le vino a la mente el nombre de Vincent.
Si el autor pagara por ver su obra empapelando la ciudad, tal vez, las autoridades dejarían de verla como basura, la ensalzarían y permitirían que la gente la leyera. Era simplemente una cuestión de perspectiva y de pasta, no la tenía, por lo tanto, no valía lo suficiente como para que tuvieran miramientos con ella. Es así que terminaría almacenada en contenedores, en donde, en el mejor de los casos, el papel sería reciclado y en el peor, sería echado en vertederos, mezclándose con los demás desechos que no tenían valor alguno.
Llevaba varios días observando estos escritos, le parecían curiosos, pues hacerlos requeriría tiempo y talento, él no podría, no obstante, había alguien que sí y se daba la molestia de elaborarlos para repartirlos por la ciudad.
¿Cómo lo haría?, ¿Desarrollaría un gran relato planificado en varios fragmentos?, se imaginaba que tenía una bitácora a seguir, solo así conseguiría llenar las hojas en blanco,
Cada trozo de texto, aunque era corto, le parecía que poseía una fuerza única, las palabras estaban correctamente encajadas, se notaba el cuidado al engarzarlas, se podría decir que estaba delante de la obra de un esteta, de un artífice único, que demostraba que en pocas palabras se podían decir muchas cosas, no era necesario explayarse y llenar miles de folios para expresar un mensaje, contar una historia o narrar una anécdota. Pensaba en las obras que había leído y que no le habían causado las sensaciones que le producían esos fragmentos.
La experiencia le resultaba reconfortante y el disfrute también, cada vez que se encontraba con las hojas se detenía a leerlas, podía estar parado, dos, tres, cuatro o cinco minutos, el tiempo era lo de menos.
Cualquiera que lo observara podría pensar que estaba perdiendo el tiempo, para el ojo profano solo eran un conjunto de signos sin valor, colocados ahí por un excéntrico, alguien que no tenía nada mejor que hacer, se aburría por eso ensuciaba la ciudad.
Volvió a pensar que todo era cuestión de perspectiva, estaba delante de esas hojas que para otros no tenían valor, pero para él eran sustanciales, no eran fruto de alguien que se aburría, sino de alguien que analizaba la realidad y lo expresaba de ese modo… sería en vano explicárselo a quien no lo comprendiera.
Pensaba en el que había ideado escritos así, sería interesante conocer a alguien de ese perfil. De repente si dejaba el número de su móvil en una de las hojas, indicando sus datos, podrían ponerse en contacto, hablarían de los temas en los que se basaba para crear sus redacciones,
Indagaría sobre sus referentes, ¿qué obra fue la que lo marcó? Se le ocurría invitarlo a tomar una taza de café, conocer su forma de ver determinados asuntos, ver si sus puntos de vista eran semejantes (sabía que sí, por lo que había leído), compartir pareceres, un sinfín de cosas…
Estaba ideando ese encuentro cuando volvió en sí y notó que sería una estupidez hacerlo, ¿quién, con dos dedos de frente, pondría esa información en un papel que podía ser visto por cualquiera?, no quería tener una mala experiencia —sintió escalofríos.
Tras descartar esa posibilidad de contacto, se le ocurrió qué averiguando el nombre del creador, podría indagar y efectuar una búsqueda detallada, sería una ardua tarea, pero si daba frutos se sentiría reconfortado.
Se centró en seguir con la lectura, pronto comprendió que los retazos eran independientes, cada idea planteada nacía y moría en los márgenes de cada hoja pegada, no notó que continuaran en las siguientes, cada una podía ser cogida y leída de manera individual, algunas versaban sobre política, siendo bastantes críticas con la situación actual, otras, narraban hechos imaginarios. Le resultaban adictivos, leía uno y quería seguir leyendo más. La manera en la que ideaba realidades alternas lo intrigaba, ¿en qué se basaría?, a él le resultaba intrincado imaginar cosas que no podía ver.
Los intentos por encontrar el nombre del autor fueron infructuosos, la idea de invitarle a un café cada vez se hacía más irrealizable.
Sería necesario hacer un seguimiento más detallado, sin embargo, en ese momento, esa tarea le resultaba pesada, no la haría, la dejaría para otra oportunidad…