Reseña

Idas de olla

Hoy me senté a escribir como de costumbre, pensé que saldría del paso agrupando unas letras o, en su defecto, saldría el talante de escribidor a la palestra y daría buena cuenta de lo buen junta letras que soy. No tenía claro de lo que iba a escribir, tenía algunas ideas rondando, unas que, tal vez, hubieran dado cuerpo a lo que desarrollaría, sin embargo, no pude hacer nada, me senté en la silla de siempre y fue como si, de improviso, las grandes ideas que tenía se me olvidaran, no voy a explicar lo frustrante que fue, sentarme confiado y, de repente, irme de cara con la realidad que me decía: no eres tan creativo como crees.
Estos meses la gente está saliendo de vacaciones. He leído varias reseñas y artículos sobre los distintos lugares a los que se puede ir para disfrutar de las mismas. Algunos destinos seducen; otros, por el contrario, no pasan de ser una moda impuesta por alguno de los llamados influencers. Estos personajes de las redes sociales se dan la molestia de indicar, a quienes los siguen, los lugares que se deben conocer y, como no, marcar tendencia. Este fenómeno es complejo de explicar, pero representa todo lo que se cuece dentro de nuestro mundo virtual. Es difícil de entender como un chaval puede convertirse en el foco de atención y generar ingresos suficientes como para que una marca se vuelva su auspiciador, haciendo que produzca sendas ganancias que, a la larga, lo colocan en una posición que muchos quisieran, sin ir muy lejos hay miles de chicos que desean ser como esos personajes que se dedican a hacer propaganda a las marcas y, como jugando, hacen de ello su trabajo.
Todo el mundo va en busca de desconectar del día a día, después de una temporada de agobio por las actividades cotidianas, quieren evitar a toda costa quemarse. Es saludable evitar llegar a ese estado, porque sentir que nada de lo que hacemos vale la pena, es de las peores sensaciones. El problema es efectuar la misma labor una y otra vez, llegando al punto de hacerla de forma mecánica. Los que más sufren de esa monotonía son aquellos que se dedican a realizar trabajos que no son retos o, en su defecto, no aportan nada de valor a nuestras expectativas. En ocasiones, pienso en las cosas que me gustaría hacer, pero no soy de planificar, soy de los que sobre la marcha organizan un viaje, una salida o un simple momento de distención. No me esfuerzo en pasar semanas haciendo un cronograma o una bitácora de los lugares que me agradaría visitar, ni nada por el estilo, pues cuando planifico demasiado termino agobiado.
Algunos, después de ese descanso consiguen su cometido, pueden volver a lo de siempre con nuevas energías, sin embargo, yo he intentado hacerlo, pero no dejo de pensar, no puedo poner pausa a todo y hacer como si no tuviera responsabilidades.
No quiero quemarme, será bueno tomar un respiro, por lo pronto he comprobado que mi creatividad ya se fue de vacaciones.

Mitchel Ríos